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A continuación tenemos que citar el Libro de Agricultura de Abu Zacaria Iahia, también conocido como Aben Mohamed Ben Ahmed Ebn El Awam. Este autor es andaluz y se desconocen muchos datos sobre su biografía, de forma cierta se sabe que escribió un tratado de agricultura y que vivió en Sevilla durante el siglo XII o entre éste y el siglo XIII.

Su obra fue traducida al castellano por Don Josef Antonio Banqueri, Prior-claustral de la Catedral de Tortosa, Individuo de la Real Biblioteca de S.M., y Académico de número de la Real Academia de la Historia. Madrid en la Imprenta Real, 1802.

Los textos agronómicos andalusíes son de tipo didáctico, están escritos de forma clara y precisa, y dirigidos hacia los campesinos. La obra de Abu Zacaria Iahia está dividida en 34 capítulos y cada uno de ellos se encuentra subdividido en varios apartados o artículos, el número y la extensión de los artículos es variable.

Libro de agricultura Editar

El doctor excelente Abu Zacaría Iahia. Aben Mohamed Ben Ahmed Ebn El Awam, sevillano. Traducido al castellano y anotado por Josef Antonio Banqueri, Prior-claustral de la Catedral de Tortosa, Individuo de la Real Biblioteca de S.M., y Académico de número de la Real Academia de la Historia.

Capítulo XXXIV: Sobre las aves de corral.

Artículo VI. De las abejas. De las abejas (dicen) unas son llamadas hembras, las quales son las ménos corpulentas y las que tienen panal de miel; y otras son llamadas machos, que son de mayor cuerpo que las hembras, y no tienen panal. Las que de estas últimas son llamadas reyes, son los machos mas corpulentos, los quales som ménos en número, y no tienen aguijon. Maximas son de algunos, que los reyes de las abejas son de dos géneros; unos de color roxo, que son los mejores; y otros negros que varían en el color: que el rey es corpulento, y su magnitud es como dos veces la de la abeja que hace la miel: y que los mejores reyes son los de un roxo claro y brillante, y despues los que manchados de puntos blancos tiran á negro un poco.

Los reyes de las abejas, dice Aristóteles, no salen á fuera con otra especie, á no ser con algun enxambre de pollos; y quando salen con ellos van estos atropados al rededor de los mismos en forma de esquadron, poniéndose el rey en lo último del hueco en que se recogen.

Quando en una colmena hay muchos reyes, esto irrita á las abejas, y se pierden. Es pues conveniente (dice otro Autor), que mates los reyes de las abejas á excepcion de uno; pues en su multitud en una colmena hay grande daño para la misma, en la qual es uno suficiente. Quando quieras matar los reyes de las abejas, rociarás el tempanillo de la colmena en el invierno con agua tibia, al qual se pegan; cuya operacion hecha, y no teniendo ellos aguijones, los matará, exceptuando uno de los mejores; cuyas alas cortarás con tixeras para que no puedan escapar; pues no huyendo el rey, tampoco las abejas se ausentaran de sus colmenas. Lo mismo se dice sobre matar los zánganos de las abejas.

Dícese, que estas son engendradas de macho y de hembra; y tambien se afirma, que lo son sin que los machos fecunden. Es constante para mi (dice el Príncipe Abu Alí Ben Sina [ó Avicena] en su libro Sakáleh), que por su naturaleza son producidas por el concurso de los machos y de las hembras que hay entre ellas, y que el principio es que el macho y la hembra se junten. Aristóteles dice que las abejas viven de ellas mismas, si se han juntado unas con otras; y tambien se afirma, que si provienen de esta junta descienden de los reyes, si se han unido unos con otros. Segun el libro de la Medicina de los animales, los cuerpos calientes engendran muchos gusanos, y así cuando descansan las abejas sobre barro de agua del cielo inmediatamente despues de la lluvia, se cree que se fecundan con él. Tambien se dice, que en aquel tiempo no se les encuentra miel, sino pollo; que siendo la formacion de los hijos de las abejas como la de los gusanos, se organizan despues sus miembros hasta la forma de abeja; y que así que ha pasado por ellas el viento, negreguean y se perfeccionan.

Dicen, que el macho de la abeja carece de aguijon; que los machos no hacen miel alguna absolutamente; y que cuando estos vuelan, salen de la colmena con toda su comitiva, y se elevan por el ayre haciendo zumbido. Que haya pocos machos en la colmena es muy bueno, dice Háj Granadino, y las abejas melíficas muestran mas alegría y agilidad, y muchas veces las hembras expelen á los machos, ó los matan, porque no se dedican al trabajo de ellas.

La abeja noble (dice Aristóteles) es pequeña, de redondo cuerpo, y de color vario. La de pequeño tamaño es mas laboriosa que la de grande, la qual es enteramente morena y encendida. La noble hace el panal liso é igual, é igual tambien la tapa de la celdilla. Las abejas que pastan en los montes y en las selvas son de mas pequeño cuerpo y de mas miel. Tambien hay otra abeja de cuerpo prolongado, semejante á la abeja macho; la cual no siendo diligente y madrugadora hace tambien el panal de poca igualdad é hinchada la tapa á manera de la del macho, y hace todas las demás obras sin firmeza. Tambien hay otra abeja de gran vientre, y las que son de esta clase son como las mugeres desidiosas y holgazanas que nada trabajan. Las abejas viejas son peludas; las nuevas son de cuerpo muy lampiño y hermoso, mas que las viejas; y las abejas con pollo de la primera produccion [o primerizas] son mas diligentes é industriosas que las otras, de mejor miel, de aguijon mas pequeño, y de picada ménos dañosa y ménos temible.

Máximas son de Aristóteles y otros, que conviene esten las abejas en parage fresco en el verano, y en sitio abrigado en el invierno: que les conviene el sitio apacible de ayre templado en tiempo de frio, y la sombra en el verano: que el parage de ellas que baña el sol naciente no tenga mucha yerba ni plantas olorosas, y que aquel trecho tenga cerca agua dulce en las selvas y otros parages, por lo que todo esto contribuye á que vivan: que enfrente de sus colmenas haya piedras llanas con canalitas de dos dedos de profundo, en las quales se vierta agua dulce, límpia, buena y clara; pues siéndoles esta maravillosamente grata y provechosa, no se ausentan de allí: que mires si su pasto es de matas de alcaparro, vedegambre negro y axenjos, y las arranques, respecto á que la miel que sacan de estas yerbas es mala: que haciéndoles armarios arqueados de madera de codo á codo, sobre que estén puestas sus colmenas, se embadurne cada uno con ceniza y fiemo: y que estando ellos en muro alto que ha de hacérseles de piedras, se les dexe por los resquicios de estas mismas lugares por donde salgan; lo qual las defiende de los páxaros que se las comen, á los quales aparta estando ellas situadas en esta forma: y que sus casas [ó colmenas] miren á mediodía y tambien á oriente.

Dícese, que es importante plantarles en el parage donde están las colmenas axedrea, habas, pepinos suculentos, adomideras, sisimbrio [ó serpol], ócimo hortense, y axenuz [ó neguilla]; y que allí mismo haya perales silvestres montesinos, murtas [ó arrayanes], almendros, y cunila [ó axedrea agreste]. Aristóteles dice, que las abejas se apacientan de axedrea, y que para ellas es mejor la blanca que la roxa; y Demócrito afirma, que les es provechosa la flor del granado, de la axedrea, y del rosal, y que enferman, si han picado de la flor de la adelfa.

Háganseles las colmenas (dice otro Autor) de madera de pino alvár y de barro de buen olor, y embadurnense por defuera con ceniza y boñiga desmenuzada y amasada con agua. Algunos se las hacen de corchos de roble, á las quales el vulgo dá el nombre de alas [ó caperuzones]. Otros les hacen cestos prolongados de varitas tiernas, de la figura de las anteriores, y los embadurnan por dentro y por defuera con barro viscoso de buen olor, ó con boñiga en el barro, y desechan los vástagos del torvisco. Otros las hacen de figura cuadrada, de cálejo . Otros les cavan agujeros redondos y tambien quadrados en tapia que mire á mediodia ó á levante para que las bañe el sol naciente; pero las bocas de aquellos agujeros han de estar inclinadas hácia abaxo un poco para que quando salgan las abejas de ellos echen fuera con su movimiento lo que hubiere caido en la parte inferior de los mismos de migajas de cera, ó de otras cosas, que si allí quedasen dañaria á las abejas, y tambien se engendrarian gusanos é insectos que las ofendiesen. Si en aquellos agujeros cayesen algunas gotas de miel al tiempo de la castrazon, se les rociará agua prontamente, y no se untará con ella las alas de las abejas.

Por lo que hace á la largura del caperuzon, algunos lo hacen de tres palmos; y en cuanto al grosor del roble de que se descortezare aquel corcho, no ha de ser demasiado grande. Ha de clavarse aquel con clavos de madera, y en medio de su largura han de cruzarse dos palos como del grosor de un dedo para que con ellos se afirme el caperuzon que ha de quedar de figura redonda; de los cuales suelen asirse las abejas en sus fabricaciones con la cera. Ha de ponerse en lo alto del caperuzon una tapa [ó tempanillo], y en su parte inferior ha de hacerse una entrada pequeña por donde las abejas entren y salgan, embarrando las junturas de él y sus resquicios, si los hubiere, con barro de buen olor glutinoso, ó con boñiga fresca. Algunos le ponen derecho sobre una losa, y encima de la tapa ponen una piedra; lo qual executan para que no se derribe, y juzgan que esto es mejor que tenderlo en el suelo. Otros hacen los caperuzones mas largos de lo que hemos referido, y aplicando tapa á cada uno, lo tienden en el suelo poniendo uno de sus extremos algo mas levantado que el otro, y estando la entrada de las abejas en el extremo mas baxo.

Aristóteles dice, que quando las abejas encuentran una colmena aseada y limpia, edifican casas de cera en ella: que aquella cera la traen de las flores, de los pimpollos de los arbustos, de los sauces, y demás árboles en que hay humor glutinoso; y que bañando primeramente con aquel glutinoso xugo lo interior de la colmena, despues edifican en ella las celdillas adonde vienen, cerca las de los reyes (que son grandes), y despues de estas las de los machos de las abejas (que son mas capaces que las otras), comenzando á edificar y texer de arriba, esto es, desde el techo de la colmena; cuyo interior bañan con cierta cosa parecida á la cera; la cual es muy negra á manera de la inmundicia de esta misma, y es de olor agudo provechoso contra los sacudimientos de cierto género de cabras, y de las especies de fieras rapaces y aportilladoras: que las abejas llenan algunos álveolos de miel, otros de pollo, y otros de abejones, y se sientan sobre los de la miel para irla rociando; lo cual si no hicieran, se perderia el panal, y se criarian arañas en él; pero que si ellas tienen vigor para perseverar quedan bien, y que se pierden si aquel les falta.

Tambien dice, que las abejas no traen la miel del mismo modo que la cera cuando han logrado hallarla; lo cual si executasen se derritiria, y su trabajo y diligencia se emplearia en vano yendo ellas untadas de la miel y con este estorbo para volar; sino que extrayéndola con su boca la depositan en su vientre, como el agua en el odre, cuando se trata de enmelar; y es ánte todas [sus operaciones] la primera: que una de las cosas que llevan en sus piernas las abejas, fuera de la cera, es el peso de la miel que hay en la dulzura de los higos, la qual es tambien su alimento: que ellas empollan luego que han acabado de edificar, y que hacen la empollacion en el mismo tiempo que recogen la miel: que quando dentro de la colmena hay pollo cuya salida se acerca yá, se oye allí mismo el ruido y zumbido de él dos ó tres dias ántes que salga; del qual aparece alguno fuera de la colmena junto á su entrada, y luego que ha salido todo, vuela y se separa cada uno de sus reyes con su particular enxambre, viniendo así á multiplicarse de pocos que eran; y que al rey que ellos dexáron le matan, si se empeña en seguirlos .

El mismo Aristóteles dice tambien con otros, que las abejas se alimentan de la miel, y que tienen tambien otro alimento, que es el de la miel de los abejones contenida en la dulzura de los higos: que no hacen parada sino sobre lo que es dulce y aromático, ni comen manjar absolutamente como no sea dulce y suculento: que tampoco hacen parada sobre cosa fétida, ni que parezca tener tal olor, y rehusan todo receptáculo que fuere de esta calidad: que no se ensucian, ni caen sobre carne, sangre, ni grasa en manera alguna, ni sobre animales, ni dañan á nada de lo que es sustento del hombre: que siendo la abeja uno de los animales más limpios, no arroja su excremento sino quando vá volando, ni lo hace en la colmena por ser fétido, y rehusar ellas la fetidez: que quando alguna perece en la colmena, la arrojan fuera de allí: que si quiere entrar en su colmena algun animal que les sea nocivo, se le atropan y le matan: que si una abeja picando á algun animal dexa en él el aguijon, muere, y á veces es muerta por aquel mismo en quien lo dexó: que tambien matan ellas á las gentes; y así se dice, que habiendo venido los Curdos á hacer guerra á los habitantes de Caria donde habia muchas abejas, y estando aquellos casi ya para saquearlos, les opusieron estos las fuerzas de las abejas echando mano á las colmenas; y habiéndolas inquietado y puéstose detrás, se encamináron ellas hácia aquellos Curdos, y se prendiéron de su bagage.

Acerca de las cosas que hacen acostumbrarse las abejas á sus colmenas, dicen, que si estas se untaren por dentro con zumo de hojas de arrayan hortense, se logra este efecto, viniendo á ellas las abejas con cierto atractivo. El arrayan silvestre se dice que hace todo lo contrario, y que si fuere arrojado junto á las abejas, las entorpece y hace que se oculten.

Máxima es de Aristóteles, que si las abejas sufrieren hambre en el invierno, se les ponga manjar de pasas y cosas dulces; esto es (dice otro Autor), que machacando buenas pasas con axedrea, y haciendo de ello á manera de píldoras, se ponga en sus colmenas.

Las abejas estan expuestas á la iniqua enemistad de los volátiles y otros; y tienen accidentes y enfermedades que se curan con lo que expresarémos, Dios mediante. Aristóteles y otros dicen, que los volátiles que dañan sumamente á las abejas y se las comen, son las golondrinas, los gavilanes, los murciélagos, las especies de aves pequeñas, y los tábanos: que las ranas que hay en los estanques encontrándose con las abejas, quando van á llevar agua á sus colmenas, se las comen: que los avejarucos que se levantan contra las abejas son desoladores, y las golondrinas que estubieren cerca de las colmenas: que algunos cazan los tábanos poniendo carne en una olla, y luego que caen en ella y se han juntado allí, la tapan con su cobertera y la tienen puesta sobre el fuego hasta que en ella mueren.

Las abejas padecen enfermedades viciándose su complexîon, si las flores fueren acometidas de piojuelo; lo qual acaece, quando la primavera es caliente y muy seca. Dice un Autor, que si temieres el piojuelo á las abejas, las sahumes con corazon de plátano de la India; y que si no lo hubiere, tomes ramos de manzano, é infundiéndolos en vino nuevo, ó no nuevo de buen olor, ó en arrope, se los pongas; pues así viniendo á tocarlos, se les retira el piojuelo. Tambien enferman las abejas, si el año fuere de pocas lluvias, y asimismo enferman por la estrecez del sitio; por lo qual será importante disponérselo anchuroso y capaz.

Aristóteles dice, que una de las enfermedades de que particularmente son acometidas las abejas gordas es la llamada hása, y son unos gusanos pequeños que hay en la colmena parecidos á la araña; los quales apoderándose de ella corrompen la cera de los panales, y bienen á enfermar las abejas. Otra especie hay semejante á las mariposas que vuelan al rededor de la lucerna y se arrojan en el fuego; la qual quando está en la colmena, sale de ella polvo como el de la harina. Otra enfermedad es la ociosidad de las abejas, de la qual proviniendo en la colmena un olor sobremanera fétido, la corrompe y pierde.

Uno de los remedios de las abejas que (mediante Dios) apartan de ellas las enfermedades es, que tomando flor de granado, moliéndola, y mezclándola con miel, se unte con esto lo interior de las colmenas para que coman de ello; lo qual es medicamento para ellas y las preserva de las enfermedades. Asimismo les son provechosas, y expulsivas de estas mismas, agallas bien molidas mezcladas con miel rancia. Si en lo interior de las colmenas se estrecharen unas con otras, esto indica que quieren abandonarla; y el remedio para impedirlo es, que se rocíe lo interior de la colmena con vino dulce. Pasado el invierno sahumarás la colmena con palomina ó con excremento seco de asnos, y saldrán las abejas de ella. Acerca de matar las abejas, dice Casiano, que si la parte inferior de las colmenas de la miel (segun la sospecha que se tenga de ellas) se rociare con agua y se abriere por la madrugada, baxarán todas las abejas á la superficie que se haya rociado con aquel agua en lo interior de las colmenas, y no separándose de aquella humedad, se podrán matar en esta disposicion hasta que no quede una; ó matarás de ellas las que quisieres, haciendo lo mismo en la matanza de los abejones que son los príncipes, y en la de algunos reyes de las abejas, si fueren muchos en una colmena; ó matarás las que de ellas quisieres, executándolo atenta y consideradamente.

En quanto á las máximas de algunos Españoles modernos sobre el tiempo de la empollacion de las abejas y de el en que melan, del modo de dirigir y disponer su empollacion, de trasladar las colmenas de un lugar á otro quando esto es necesario, y cosas semejantes; dicen pues, que las abejas empollan en tiempo de primavera desde principios de febrero hasta fin de mayo; y que se adelantan y se atrasan ántes ó despues de este tiempo, segun la variedad de lo temprano ó tardío de los frutos en algunos años; porque luego que la empollacion se ha concluido y perfecionado, ya son unos enxambres que estan á las puertas de sus casas y salen afuera; pero quando han salido y son allí pocos, no escapan, y se vuelven á su colmena esperando el auxîlio de los que quedan sin marchar; los quales si son pocos, permanecen en el caperuzon en caso de ser él capaz de contenerlos con sus madres [ó enxambraderas]. Pero si todos ellos salieren y tomaren vuelo, baxan y se unen á sus reyes, y haciéndose á manera de corona, y como una piña ó rácimo de uvas, se cuelgan de un árbol, ó de otra cosa que esté cerca de ellos. Á veces se congregan del mismo modo en la tierra, y quando así estuvieren, se dirigirá allí la tarde de aquel dia el abejero que quisiere trasladarlos á las colmenas, ó al hueco en que melaren ántes de retirarlo de aquel sitio, y cogiéndolos todos ó la mayor parte de ellos con tiento en una espuerta ó cosa semejante, los pondrá en una colmena vacía ó hueco, y los tapará. Si anduvieren separados, los dexará hasta que se junten, y luego los cogerá. Si cogiendo algunos, andubieren dispersos los restantes, dexará en la tierra, ó colgada, la espuera con los que hubiere cogido de ellos; pues los que en ellas no hayan puesto sus reyes, se volverán á la en que estuvieren estos mismos, y entónces cogiéndolos todos ó la mayor parte, los trasladará al vaso en que hayan de melar; y si en aquella espuerta quedare algun residuo, la dexará junto á la boca de la otra adonde los trasladó. Si temieres que el pollo escape de la colmena y la abandone, le plantarás el caperuzon encima, y la embarrarás sin dexarle sitio por donde salga; y dexándola así un dia y una noche y abriéndola despues á la mañana por su parte posterior, ya aquel se le habrá familiarizado y no escapará allí, Dios mediante. Despues de lo qual, á los dos ó tres dias registrará el abejero el caperuzon ó hueco adonde trasladó el pollo, y barrerá la escobina de la cera y demas cosas que allí se hubieren juntado, y luego tapará su boca con cubierta que se le ajuste bien, la qual embarrará. Cuidará que el sitio de la entrada y salida de las abejas sea estrecho y con alguna declinacion. Los diligentes é industriosos el el gobierno de las abejas observan al que procura saber de su camarada [quáles son ó dónde estan] los mejores pastos, y sigue en esto la opinion del que declara lo bueno que hubiere visto, y disimula lo malo que hubiere observado, y considerándolo con ayre de agrado y no de indignacion, rectifica el error que en ello hubiere; pues se debe mirar con indulgentes ojos todo defecto [que proceda] de falta de penetracion ilustrada.

Y yo ruego á Dios perdone los errores y equivocaciones; y le pido indulgencia, misericordia, y auxîlio para obrar y hablar como conviene. El es el único supremo Señor y el solo Dios adorable. El es nuestra suficiencia, y la feliz gloriosa esperanza.

Concluyóse el segundo volúmen de la Obra de Agricultura sobre los terrenos y los animales, que se propuso componer de los libros de los agricultores y sabios antiguos Iahía Aben-Mohamed Ben-Ahmed Ebn-el-A*ám Sevillano, á quien Dios haya perdonado, y usado con él de misericordia. Amen.

Véase también Editar

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