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Acacia longifolia

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Acacia longifolia v. trinervis
Clasificación científica
Reino: Plantae
Filo: Magnoliophyta
Clase: Magnoliopsida
Orden: Fabales
Familia: Fabaceae
Subfamilia: Mimosoideae
Género: Acacia
Especie: A. longifolia
Nombre binomial
Acacia longifolia
(Andrews) Willd.

La Acacia de hoja larga, Acacia longifolia, que es sinónimo de Acacia intertexta DC. , Mimosa longifolia Andrews , Racosperma longifolium (Andrews) C. Martius , o la varidad botánica Acacia longifolia v. trinervis, es una planta oriunda de Australia muy difundida en el mundo, a los fines de fijar dunas en el litoral marítimo. Tiene una altura de 4 a 5 metros; se utiliza para la fijación de medanos, se poda de agosto a septiembre, se planta a distancias mínimas de 1.50 a 2.00 metros; vive en suelos arenosos, suelto y húmedo.

Muy difundida en todo el litoral marítimo bonaerense; y Uruguayo para la fijación de médanos y dunas. Resiste la brisa marina y los suelos salitrosos. Buen reparo para el cultivo de otras especies subceptibles a la cercanía del mar. Floración en pompones amarillos perfumados en primavera temprana, y luego forma la chaucha que alberga sus semillas negras y pequeñas.

Los apicultores argentinos desde hace más de 30 años llevan sus colmenas a la costa para aprovechar la floración explosiva de la Acacia trinervis que se produce en los meses de agosto y septiembre y luego se vuelven a llevar al campo. Esta es una floración muy temprana para la provincia de Buenos Aires, Argentina, aprovechando esta transhumancia como medio de incentivo tanto de néctar como polen a los fines de utilizarla como una floración de incentivo natural, si bien la especie es introducida, habiendose naturalizado en la costa bonaerense, luego que Carlos Gessel la introdujera. Cabe destacar que esta especie coincide en su época de floración en provincia de Buenos Aires con otras especies autóctonas del género Acacia, como el aromito Acacia caven.

Las Acacias y Villa Gessel Editar

¿Cómo se enteró don Carlos Gessel de la existencia de estos médanos?

Según las crónicas, en una ocasión que don Carlos y su familia fueron a veranear a Mar del Plata conoció allí al Sr. Héctor Manuel Guerrero, un terrateniente adinerado y poderoso de la época, que estaba forestando un sobrante de sus tierras frente al mar, es lo que hoy conocemos como "Cariló". Literalmente, este hombre alfombró con tierra negra esas dunas y plantó pinos a gran escala. Lo consiguió con la inversión de una gran cantidad de dinero y recursos humanos. Este hecho movilizó la mente inquieta y creativa de Carlos Gesell y se decidió ir a ver esas extensiones de médanos vivos que Héctor Guerrero le informó, en esa ocasión, que existían al sur de sus tierras. Una vez allí, comprobó que había agua almacenada en las dunas y fue el disparador para tomar la decisión de comprar esas 1.680 hectáreas, pues si había agua las plantas y árboles tenían la chance de crecer ayudados por la mano del hombre. 1933

Así es que don Carlos comienza su lucha, lucha que le llevaría años de su vida, para domar esos médanos de arena voladora. Don Carlos nunca estuvo en contra de la naturaleza, al contrario siempre luchó por entenderla y usar las armas que la misma naturaleza le ponía delante, él la amaba.

A fines de 1931, construye la primera vivienda familiar, declarado hoy histórica y que alberga el Museo y Archivo Histórico de la ciudad. La casa se construyó a pocos metros del mar y sobre una duna de 9 metros de altura, cuando todo el territorio que actualmente ocupa la Villa no era más que un gran desierto de dunas sin árboles. Instaló un molino para abastecerse de agua. Para la construcción, que llevó sólo tres semanas, don Carlos utilizó un sistema observado por él en los Estados Unidos, de paredes dobles de madera, recubiertas con gruesas capas de revoque por dentro y por fuera. El hueco entre ambas paredes fue rellenado con papel de diario, como método para aislar los interiores de altas y bajas temperaturas. 2001

La casa tiene cuatro puertas de acceso, orientada cada una hacia un punto cardinal diferente, lo cual le permitía contar siempre por lo menos con un acceso libre, cuando la arena acumulada por el viento obstruía una o más entradas. Desde el 13 de julio de 1991 funciona en esta casa el Museo y Archivo Histórico Municipal, dependiente de la Dirección de Cultura de la Municipalidad de Villa Gesell.

Desde las ventanas, dominaba un paisaje uniforme, treinta kilómetros de playas solitarias casi vírgenes y un mar de arena moviéndose con el viento …, ni un solo "yuyo" en esa vasta soledad. Por las noches se podía divisar la luz que proyectaba el Faro Querandí, distante 32 kilómetros de la casa. El silbido del viento y el rugir del mar fueron los únicos sonidos que acompañaron a don Carlos y su familia durante largos años.

Es desde esta casa donde don Carlos comienza a proyectar la realización de una plantación en gran escala. Dado que desconocía los métodos para fijar y forestar las dunas contrató en 1932 a un ingeniero agrónomo alemán experimentado en plantaciones en el Mar del Norte: Carl Bodesheim. Bodesheim quedó impresionado por la extensión de los médanos, nunca había visto algo así en Europa. Este hombre pensó que en un lugar de esas características tan inhóspitas y agresivas jamás crecería nada…, se equivocó.

Don Carlos pensó que la única forma de fijar las dunas era mediante raíces que tenían que crecer. Carlos probó con una especie de mata llamada "esparto" que crece en las dunas más apartadas del mar. Es una gramínea o pasto que se desarrolla en matas que alcanzan una altura de alrededor de 1 metro de altura con fuertes raíces que se hunden profundamente en la arena. Trazaba perímetros cuadrados de 10 x 10 metros con las matas de esparto y de esa manera lograba inmovilizar 100 metros cuadrados de duna. Dentro del perímetro de los cuadrados don Carlos sembraba leguminosas que toman nitrógeno del aire y lo envían al suelo, esto servía para fijar el suelo. Además, sembró en estos cuadrados una especie de trébol llamado Melilotus alba, y con cebada y centeno entre otras plantas. Se hizo mandar más semillas de Alemania y de los Estados Unidos. Estos cuadrados se hacían en interminables hileras. La acción conjunta del esparto que tenía largas y profundas raíces y de los melolitus alba que aportaban el nitrógeno, se iban entretejiendo las raíces y fijando las dunas.

Se sembraron acacias blancas, álamos, sauces y pinos marítimos. Para tener una idea de esta labor dantesca, don Carlos plantó en 1933 "solo, sin ayuda de nadie" 120.000 acacias blancas y pinos marítimos (éstos son muy sensibles a los vientos en su primera etapa de crecimiento). Nadie quería ir a ese páramo a plantar en la arena. Fue realmente la fuerza espiritual en las convicciones y la sangre pionera de un titán, lo que permitió a este singular hombre seguir siempre adelante, con alegría, con visión de futuro y sobre todo con una gran "fe" en sí mismo y en sus ideas.

Según nos relata Rosemarie, una de sus hijas, en algunos pasajes de su libro: "Empezaron a correr los rumores por la zona de que había un hombre que vivía en una casa frente al mar, el cual pretendía domar los médanos. Se le había visto sembrar bajo la lluvia con una sembradora de mano. Ese hombre debía estar loco. Se le comenzó a llamar, el loco de los médanos. Quincena tras quincena, mes tras mes, iba a los médanos a plantar con entusiasmo sin dejarse vencer por el panorama de plantas que se secaban. Vagones y vagones de pinos marítimos fueron transportados y plantados a doce cuadras del mar. Con gran emoción, vio que algunos se mantenían verdes. No crecían pero al menos no se secaban ".

De las 120.000 plantas que don Carlos plantó en 1933, 100.000 murieron en una gran sudestada que hubo en esa fecha. Recién en el año 1939, don Carlos consiguió por medio de una planta llamada Acacia trinervis que los pinos crecieran sin problemas en la arena. Esta planta, acacia trinervis, es considerada la "planta madre de la forestación de Villa Gesell", porque sirvió de protección a especies más débiles en su etapa de crecimiento, tales como los pinos. De esta manera, don Carlos a partir de 1939, comienza a sembrar por todos lados esta acacia trinervis que fue importada desde Australia vía Alemania (que había comenzado la 2da. Guerra Mundial).

Carlos Gesell, inventa otro método para sembrar con estas nuevas plantas. Confecciona en la arena un triángulo equilátero en cuyos vértices planta acacias trinervis que son altamente resistente a los vientos y eso era justamente lo que don Carlos estaba buscando. En el centro de ese triángulo plantó los pequeños pinos. De esta manera, las acacias les servían de refugio a los pinos en su primera etapa de crecimiento que es la más frágil, pues las acacias crecían más deprisa que ellos.

En 1938, Carlos Gesell se separa de su primera mujer, Marta Tomys para unirse a Emilia Luther, quien lo acompañará hasta el final de su vida. Por esta época don Carlos renuncia a Casa Gesell para dedicarse full time a forestar Villa Gesell. El tiempo pasaba y el dinero se iba acabando, así que don Carlos pensó que tal vez sería buena idea construir una casita frente al mar y alquilarla a aquellos turistas que quisieran un contacto distinto con la naturaleza. Construyó la casita y le puso La Golondrina. En 1940 Carlos Gesell publica en el diario La Prensa de Buenos Aires un aviso bastante simpático y decía más o menos así: Casita solitaria frente al mar se alquila por 15 días a $100. Escribir a Carlos I. Gesell. Estación Juancho. Ferrocarril Sur.

El aviso tuvo respuesta. Emilio Stark, ejecutivo de origen suizo, de Buenos Aires se interesó por La Golondrina. El Sr. Stark arribo a esos parajes con su familia en su auto particular. Don Carlos los fue a buscar, o mejor dicho a auxiliar, en un tractor. La señora Stark, tal vez acostumbrada a otro tipo de vacaciones y comodidades se enfureció llegando a decir que los habían estafado. Tenía sus razones para estar así, pues el camino era barro, mosquitos, yuyos, y una soledad impresionante en el medio de la pampa. Pasado este percance inicial, los Stark, según las crónicas, quedaron tan impresionados con el paisaje maravilloso que encontraron y esas playas interminables para ellos solos que expresaron su felicidad diciendo que esas habían sido las mejores vacaciones que tuvieron en su vida. Y fue así que los Stark realizaron comentarios muy positivos en Buenos Aires de este lugar fantástico, natural y tranquilo. El boca en boca empezó a surgir efectos y más y más miembros de la colectividad alemana comenzaron a acercarse a esos médanos que ahora ya tenían árboles y los pinos empezaban a crecer al amparo de las acacias.

Esta nueva situación, a partir de 1941, hizo plantear a don Carlos la posibilidad de desarrollar un concepto de ciudad balnearia diferente a lo que era Mar del Plata en ese momento. Quería un lugar de descanso para los turistas que amaran la naturaleza, bautiza al lugar como "Villa Silvio Gesell" en honor a su padre. Comienza a trazar los primeros lotes.

En 1942 comienzan a llegar los primeros pobladores que eran en su mayoría alemanes y suizos que huían del infierno de la guerra y arribaban a ese paraíso de paz, naturaleza, mar y juventud. En esos primeros años existía una auténtica solidaridad entre los primeros pobladores. Se ayudaban unos a otros para construir sus casas, y al terminar una se colocaba una rama de sauce en la puerta o entrada que significaba que esa noche había asado allí. Un verdadero ejemplo de solidaridad ciudadana tan ausente en nuestros tiempos, propia de gente que amó el progreso en paz y armonía, esa era la Villa Gesell soñada por don Carlos. Posteriormente, sobrevino una gran inmigración de españoles e italianos.

En el año 1952, luego de una gran insistencia de su mujer Emilia Luther don Carlos se muda a un chalet, diseñado por él mismo distante a unos 70 metros de la casa familiar original. Carlos Idaho Gesell vio cumplir su sueño. Falleció el 6 de junio de 1979 a la edad de 88 años en el Hospital Alemán de la ciudad de Buenos Aires, luego de estar internado tres semanas. Se comentaba que aún en el hospital se levantaba de la cama para hacer gimnasia y tenía aún proyectos en su mente para 50 años más. Uno de ellos era ir a forestar 20 hectáreas al desierto del Sahara. Estaba perfectamente lúcido, lo estuvo hasta su última hora. Sus restos descansan en el cementerio de Villa Gesell.

Uruguay Editar

Acacia trinervis o Acacia longifolia, se naturalizó rápidamente en la costa Uruguaya, consiguiendo en zonas del estuario medio, colonizar incluso el propio cordón dunar, con el consiguiente resultado de destrucción del mismo al impedir su regeneración tras las tormentas. En efecto, la vegetación arbórea produce una acción de amortiguación o anteparo al viento, que impide que la arena eólica alcance el cordón dunar, en tanto no impide que sea alcanzado por las olas.

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