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Carlos Calvo (26 de febrero de 1822, Montevideo - 2 de mayo de 1906, París) publicista e hitoriador que se educó y actuó en la vida pública de la Argentina y que dedicó su vida al estudio de leyes.

Si bien nació en Uruguay viajó siendo muy chico a Buenos Aires donde estudiaría Derecho.

Hacia el 1900, sólo cuatro americanos habían formado parte del Instituto de Francia, una de las instituciones más renombradas de la época: Benjamin Franklin, Abraham Lincoln, el emperador Pedro III y Carlos Calvo. Este detalle, por sí solo, habla a las claras de la trayectoria y el reconocimiento que este jurista, historiador y diplomático, de nacionalidad uruguaya y argentino por adopción, alcanzó en vida.

Nació y se educó en Montevideo, pero viajó de muy joven a Buenos Aires para estudiar Derecho. Sin embargo, una grave enfermedad le obligó a viajar a Europa en busca del restablecimiento. En el Viejo Continente, Calvo se inspiró en la cultura europea y sus universidades para lograr una formación de corte iluminista e ideas morales que privilegiaban la libertad e igualdad humana.

Regresó al país en 1853, y rápidamente se puso al servicio de los bandos políticos disidentes de Buenos Aires. En Montevideo, ejerció la representación consular hasta 1858.

Un año después, integró la legislatura bonaerense e intervino en la formalización del pacto de conciliación con el Gobierno Federal de Paraná.

En 1860, el gobierno de Paraguay le ofreció la representación de su país en Inglaterra, cargo al que que renunciaría en 1863 por diferencias de opinión con Carlos Antonio López, gobernador de Paraguay. Viajó entonces a Londres y París. En Francia, en 1863 publica su Derecho internacional teórico y práctico de Europa y América, en dos volúmenes y poco antes de una versión francesa. En él expone el principio de que ningún gobierno debe apoyar en las armas reclamaciones pecuniarias contra otro país. El libro fue muy bien acogido por los especialistas, y en 1887 la primera edición en francés se amplió a 6 volúmenes. Sus publicaciones posteriores tienen cierto carácter histórico. Entre 1862 y 1869 publicó en castellano y francés quince volúmenes sobre protocolo y diplomacia de países suramericanos, y entre 1864 y 1875 sus Annales historiques de la révolution de l'Amérique latine, en 5 volúmenes. En 1884 participó en el congreso de Gante del Institut de Droit International. Al año siguiente, fue destinado a Berlín, donde publicó Dictionnaire du droit international publique et privat.

Entonces, Calvo comenzó su actividad como escritor y ensayista, redactando obras jurídicas e históricas que serían reconocidas como de altísima factura, tales como la Colección de tratados de América Latina (en 11 tomos), la Historia de los progresos del derecho de gentes en Europa y América desde la Paz de Westfalia hasta nuestros días (1861, en dos tomos) o los Anales históricos de la Revolución de América Latina, acompañados de documentos en su apoyo, desde el año 1808 hasta el reconocimiento de la independencia de ese extenso continente (en 5 tomos, impresos en París, entre 1864 y 1867). Otra de sus obras, Una página de derecho internacional o la América del Sud ante la ciencia del derecho, publicada en París en 1864, le valió ser nominado miembro del Instituto Histórico de Francia, y de la Academia de Historia de Madrid, ser distinguido con el título de Oficial de la Legión de Honor y recibir la Cruz del Comendador.

Para entonces, Carlos Calvo era considerado uno de los más importantes especialistas del mundo en materia de derecho internacional. Algunos de sus escritos, como Derecho Internacional teórico y práctico (1870), se habían publicado en países tan distantes como China y Grecia. En esta obra, Calvo expone el principio de que ningún gobierno debe apoyar en las armas reclamaciones económicas contra otro país.

En su participación en distintos congresos internacionales, se destacó como un defensor del derecho público de los pueblos. En la Asamblea de Berlín, de 1886, por ejemplo, defendió las libertades de los pueblos de Africa sometidos al dominio colonial. En esa ocasión, Calvo abogó en contra del imperialismo, y a favor de la abolición de la esclavitud, la libre navegación de los ríos, la libertad de comercio, etc. Estas prerrogativas las hacía extensibles a los pueblos de nuestro continente, estableciendo, casi por primera vez, un derecho americano.

En este marco, Calvo se destacó también por su versación respecto de los pleitos fronterizos, siendo uno de los precursores del análisis de los archivos coloniales y del Archivo de Indias.

Paralelamente a estos estudios, no dio respiro a su carrera diplomática. En 1885, fue acreditado ante el Vaticano y logró el restablecimiento de las relaciones políticas entre ambos estados, que se hallaban interrumpidas.

Durante esta estadía en Europa, que se prolongó hasta su fallecimiento en 1906, fundó el Instituto de Derecho Internacional, e integró la Asamblea de Ciencias Políticas y Morales, de la Real Academia de Historia de Madrid. Además, gozó del prestigio de ser, quizás, el más importante teórico en materia de "derechos de gentes" o derecho público.

El mismo año de su fallecimiento, sus restos fueron repatriados. Dos años después, el Gobierno Municipal de Buenos Aires puso su nombre a una calle de la Capital.

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