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Domingo Faustino Sarmiento fue tal vez el primero en escribir un artículo sobre historia de la apicultura argentina en un medio nacional. Es uno de los que cita que fue Bernardino Rivadavia quien introdujo la abeja europea en la Argentina.

Es en el Diario El Nacional de Buenos Aires, donde encontramos en forma sintética la historia de la apicultura argentina.

En El Nacional, Organo de la política, comercio y literatura de la República Argentina, Buenos Aires, Jueves 10 de diciembre de 1857 podemos leer el presente artículo:

Muchas veces nos hemos preguntado porqué los españoles al poblar estos países no trajeron consigo varias de las industrias que formaban desde entonces el bagaje, digámoslo así, de los pueblos civilizados, y que la España poseía y había llevado a un alto grado de perfección.

En Chile se introdujo la primera colmena de abejas recién en 1848, y en Buenos Aires, después de las que Rivadavia introdujo y se malograron, recién este año después de tres siglos de existencia, volverán a formar parte las abejas de la variedad de animales que los pueblos civilizados han hecho de siglos atrás como parte integrante de la familia.

Lo ocurrido con las abejas que introdujo Rivadavia, nos hace sospechar que por causas análogas se hayan antiguamente extinguido las que han debido introducir los españoles. Estos pueblos amenazados por los indios unas veces, desolados por sus revoluciones interiores otras, viven en un continuo flujo y reflujo de civilización y barbarie, destruyendo de un día los progresos que habían acumulado en años.

Buenos Aires y Montevideo han sido agricultores antes de abandonarse exclusivamente al pastoreo, como lo prueban las viñas, y olivares antiguos en los alrededores de la ciudad. Las quintas actuales están sobre las ruinas de las quintas antiguas, cultivadas por esclavos, y vivos están aún los que han arrancado con las uñas los troncos de los duraznos que hacía talar Rosas en las vecindades de la ciudad. Los antiguos poseedores de fincas rurales han tenido en su vida que repoblar tres veces sus plantíos destruidos por la confiscación unas veces, por la mashorca otras, por los campamentos de los Atilas otras. ¿Tenemos todavía ocasión de experimentar otra oleada de retrocesos y de barbarie como las que han destruido tantas veces los progresos hechos?.

Las abejas desempeñan una función industrial que sin su cooperación el hombre no puede suplir, que es colectar, por valor de millones de pesos la miel que en pequeñísimas cantidades encierra la corola de las flores. La introducción de las abejas en un país, puede un día equivaler al trabajo de cien mil hombres, dando al agricultor un producto que sin ellas se malogra.

Los Sres. Casares poseen hoy catorce colmenas, de donde en poquísimos años, tan rápida es su propagación, podrán generalizarse por todo el país, de manera que no haya casa de campo que no posea un colmenar. En Chile, la producción de la cera y de la miel cuenta ya entre las riquezas del país, y los millares de colmenas que posee son todas procedentes de una sola introducida en 1848.

Por una circunstancia feliz, para la dirección de la cría de abejas, como para la de gusanos de seda, el nombre de D. Julio Belin, nuestro amigo y deudo, se encuentra al frente de las obras en castellano únicas que han estado al alcance de los introductores de ambas industrias.

Este artículo no está firmado por Sarmiento, pero hay indicios que prueban que fue él quien lo escribió, porque colaboró con El Nacional durante el año 1857, encontrándose en Argentina en ese momento. Además Julio Belin, mencionado como amigo y deudo por el autor era yerno de Sarmiento pues se casó con Ana Faustina Sarmiento su única hija. Ademas era socio de Sarmiento en una imprenta.

Es posible que el apellido Casares a que hace referencia Domingo Faustino Sarmiento sea Mariano Casares socio fundador en 1866 de la Sociedad Rural Argentina. O bien a Vicente Eladio Casares que Miguel Medici cita simplemente como Vicente Casares, en el libro Tratado de apicultura práctica Buenos Aires. 1964, pagina 17, relata: En el Parque del Palacio San José, en Entre Ríos, fueron colocadas dos colmenas obsequiadas por don Vicente Casares al General Justo José de Urquiza, en 1860. Creemos que Vicente Eladio Casares padre de Vicente Lorenzo Casares es el personaje de la cita por cuanto en 1852 fue nombrado agente consular de España, momentos en que la Confederación Argentina negociaba el reconocimiento de esta ante España, Francia e Inglaterra.

Véase también Editar

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