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La evolución del pensamiento científico en la Argentina Editar

  • PARTE CUARTA: EL SIGLO XX
  • CAPÍTULO III: CIENCIA CULTURAL

79. FILOLOGÍA, LINGÜÍSTICA Y FOLKLORE

Acabamos de ver que algunos institutos argentinos dedicados a la etnografía se ocupan de estudios lingüísticos y folklóricos. Pero tales investigaciones, agrupadas con las filológicas, se cultivan además en los centros de estudios humanistas, en cátedras e institutos especiales, o vinculados con los estudios literarios.

De esos centros, existentes en Buenos Aires y en las universidades de Tucumán y de Cuyo, el más importante es el Instituto de Filología de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, creado en 1923 y consagrado a "estudios de lingüística general, evolución del castellano en América y lingüística indígena".

En su primer período (1923-1927) la dirección del Instituto fue confiada a filólogos españoles cuya venida al país patrocinó además la Institución Cultural Española. El primer director fue AMÉRICO CASTRO, que visitó al país nuevamente en 1937, siguiéndole AGUSTÍN MILLARES CARLO y MANUEL DE MONTOLIÚ. En ese período el Instituto incorporó a PEDRO HENRÍQUEZ UREÑA; formó discípulos y publicó un Boletín. En 1927 se hizo cargo de la dirección AMADO ALONSO, que continuó al frente del Instituto hasta 1946, período en el que la institución realizó una amplia labor científica, publicando entre otros trabajos, varios tomos de la Biblioteca de Dialectología Hispanoamericana con estudios de castellano en América y, desde 1939, la Revista de Filología Hispánica.

En cuanto a las investigaciones folklóricas y de musicología indígena, su centro más importante es el Instituto de Literatura Argentina de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, creado en 1922, del cual fue fundador y primer director RICARDO ROJAS.

80. PSICOLOGÍA Y PEDAGOGÍA

Los estudios psicológicos se desarrollaron durante las primeras décadas de este siglo alrededor de dos centros: en Buenos Aires, con una tendencia experimental y fisiológica y en La Plata con una tendencia hacia sus aplicaciones pedagógicas.

Esos estudios se iniciaron en Buenos Aires en 1901, cuando la Facultad de Filosofía y Letras invitó al profesor de fisiología HORACIO G. PIÑERO a dictar un curso de Psicología experimental y clínica. PIÑERO, además de realizar labor docente y científica, fue en 1908 cofundador y primer presidente de la Sociedad de Psicología de Buenos Aires, que más tarde desapareció para resurgir en 1930 por obra de ENRIQUE MOUCHET, profesor, desde 1921, de Psicología experimental y fisiológica, cátedra que en 1931 se convirtió en un Instituto de Psicología. Tanto la Sociedad como el Instituto editaron Anales.

El centro superior de estudios pedagógicos más antiguo es la Sección Pedagógica, creada en 1905 como dependencia de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, de la Universidad de La Plata, que en 1914 se fusionó con la Sección de Filosofía, Historia y Letras creada en 1909 en esa misma Facultad, para dar nacimiento a la Facultad de Ciencias de la Educación cuyo primer decano y primer director de la Sección Pedagógica fue VÍCTOR MERCANTE, que se ocupó de distintas cuestiones psicológicas y pedagógicas. MERCANTE dirigió también las publicaciones de esas institticiones: Archivos de Pedagogía y Ciencias afines (1906-1914) y Archivos de Ciencias de la Educación (1914-1919). Discípulo de MERCANTE es el cultor más destacado de los estudios psicopedagógicos argentinos: ALFREDO D. CALCAGNO, que además fue decano de la Facultad de Humanidades y presidente de la Universidad de La Plata.

En Buenos Aires, dependiente de la Facultad de Filosofía, existe, desde 1927, un Instituto de Didáctica creado con el objeto de contribuir al estudio de los problemas relativos a la educación y a la enseñanza, especialmente argentinas. Dispone de una biblioteca especializada y edita una serie de publicaciones: libros y trabajos de investigación y de tesis.

En Córdoba inició su actividad en 1942 un Instituto Pedagógico dependiente de la Escuela Normal Superior, creada el año anterior por el gobierno de la provincia, y dirigido por SAÚL TABORDA, vigorosa mentalidad argentina, autor de serios trabajos filosóficos y pedagógicos. Sus Investigaciones pedagógicas, reunidas en dos volúmenes, aparecieron póstumas en 1951.

En Tucumán actuó durante algunos años en su Universidad el pedagogo español LORENZO LUZURIAGA, quien en el año 1939 publicó en aquella ciudad su Revista de Pedagogía, que hasta 1936 había aparecido en Madrid.

Terminemos mencionando que existen en el país varias instituciones y publicaciones, oficiales y privadas, vinculadas con la enseñanza primaria y secundaria que, por tanto y en diversa medida, se ocupan también de cuestiones psicológicas y pedagógicas.

81. ECONOMÍA, DERECHO Y SOCIOLOGÍA

Hemos señalado que en la Argentina los estudios económicos son recientes. Ya mencionamos la creación de la Facultad de Ciencias Económicas de Buenos Aires, y la aparición de la Revista de ciencias económicas, órgano de la Facultad, del Centro de Estudiantes y del Centro de Doctores en Ciencias Económicas y de Contadores Públicos nacionales. Agreguemos que en 1948 la Facultad inició la publicación de su propia Revista, y que por su parte la Academia Nacional de Ciencias Económicas editó en 1927 un órgano denominado Biblioteca, del que aparecieron cuatro volúmenes, reapareciendo en 1933 como Anales.

La segunda facultad argentina dedicada a estos estudios es la de Ciencias Económicas, Comerciales y Políticas de Rosario, que nace en 1920 y que casi desde sus comienzos emprendió un vasto plan de publicaciones. En 1921 aparece el Boletín de su Seminario, que más tarde se transformó en Trabajos de Seminario; y entre 1923 y 1925 aparece como órgano de la Facultad, del Centro de Estudiantes y del Centro de Contadores y Calígrafos Públicos la revista Hacienda y Administración, que se convierte en 1926 en la Revista de la Facultad de ciencias económicas, comerciales y políticas. Por lo demás, diversos Institutos de esa Facultad editan sus propias publicaciones.

En Córdoba, una Escuela de Ciencias Económicas dependiente de la Universidad, que desde 1939 editaba una revista trimestral, se convirtió en 1948 en Facultad; mientras que en Tucumán y en Mendoza también se crearon centros universitarios de estudios económicos.

De las actividades vinculadas con las disciplinas económicas mencionemos los estudios actuariales, recordando que en 1919 se crea un Instituto Argentino de Actuarios que llegó a publicar, muy espaciados, tres números de sus Anales, y que en 1949 cambia su nombre por el de Instituto Actuarial Argentino, indicando con este cambio la tendencia a acentuar el carácter científico de la institución más que el meramente profesional.

También con esa especialidad están vinculadas las investigaciones y compilaciones estadísticas, que disponen de numerosos centros oficiales, de los que el más importante es la ya citada Dirección General de Estadísticas y Censos, que en 1947 inició la publicación de una Síntesis estadística mensual de la República Argentina. Agreguemos que en este período se realizaron varios censos: escolares en 1931 y en 1943, este último según las recomendaciones de la Primera Conferencia Nacional del Analfabetismo reunida en 1934; industrial en 1935 y general en 1947.

Existen por lo demás en el país numerosas publicaciones de índole económica y financiera editadas por instituciones oficiales y privadas. La más antigua de estas últimas es la Revista de Economía Argentina que apareció en 1918 con el objeto de "colaborar en la obra de alta cultura que significa el estudio de los hechos y problemas de nuestra economía, motivo hoy de general y alentadora preocupación. Se propone para ello examinar las manifestaciones de la vida nacional, recoger en los países extranjeros los resultados de la experiencia económica razonada, y facilitar la publicación y difusión de las ideas que puedan influir de algún modo en la solución de nuestros problemas." Más tarde la revista se convirtió en órgano del Instituto ALEJANDRO E. BUNGE de Investigaciones Económicas y Sociales, recordando al que fuera animador y director de la revista y destacado economista argentino, autor de una obra en cuatro volúmenes: La Economía argentina, aparecida en 1930.

Los estudios jurídicos y políticos argentinos están centralizados en los institutos, cátedras y publicaciones de las academias y facultades respectivas.

De los esfuerzos privados, que no son meramente o preferentemente profesionales, recordemos la Revista de derecho, historia y letras (1898-1923) fundada y dirigida por el eminente jurisconsulto ESTANISLAO S. ZEBALLOS, y la Revista Argentina de Ciencias Políticas (1910-1928) fundada y dirigida durante muchos años por RODOLFO RIVAROLA, jurista y sociólogo, profesor en las universidades de Buenos Aires y de La Plata; agreguemos que en 1938 se fundó en Buenos Aires un Instituto Argentino de Filosofía Jurídica y Social, que publicó una "Biblioteca" con libros de esa especialidad, de autores nacionales y extranjeros.

Entre los profesores extranjeros cuya labor en el país encontró eco, cabe citar el penalista español LUIS JIMÉNEZ DE ASÚA que, invitado en 1923 a ocupar la cátedra de la Institución Cultural Española, volvió al país en 1925 y en 1929, para más tarde radicarse en él como profesor en la Universidad de La Plata, hasta 1946.

Por su parte los estudios sociológicos están localizados en las cátedras universitarias de esa especialidad y en el Instituto de Sociología de la Facultad de Filosofía de Buenos Aires, inaugurado en 1940, cuyos fines son "la intensificación de los estudios sociales en el dominio de la ciencia pura, siguiendo las corrientes del pensamiento sociológico contemporáneo, y la investigación de la realidad social argentina y americana en el campo de la ciencia aplicada". Desde 1942 el Instituto edita anualmente un Boletín.

82. FILOSOFÍA

Todas las universidades argentinas disponen de casas de estudios filosóficos. La más antigua es la de Buenos Aires, nacida en la última década del siglo pasado, y cuyo Instituto de Filosofía intensificó su plan de publicaciones hacia 1938 editando varias colecciones: Filosofía argentina, Clásicos de la Filosofía, Filosofía contemporánea, Monografías universitarias, Ensayos filosóficos, amén de tomos de homenaje a grandes filósofos. Además, la Facultad inició en 1941 la publicación de una revista denominada Logos.

En La Plata, la Facultad de Ciencias de la Educación se convirtió en 1920 en Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, que edita numerosos órganos en serie y fuera de serie; entre los primeros la Revista Humanidades, desde 1920, y la Biblioteca Humanidades, desde 1923.

En Córdoba, un Instituto de Filosofía creado en 1934 se convirtió en Instituto de Filosofía y Humanidades en 1940, y ha sido editado desde 1934 un Boletín, así como una serie de trabajos originales y traducciones.

En Tucumán, un Departamento de Filosofía y Letras creado en 1937 y convertido en Facultad de Filosofía y Letras en 1939, edita desde 1942 una colección de Cuadernos de Filosofía, de Historia, de Pedagogía y de Letras. Por lo demás, ya el Departamento había publicado una serie de libros iniciada con las Lecciones Preliminares de filosofía de MANUEL GARCÍA MORENTE, director del Departamento en 1937, que tuvieron amplia difusión en el país.

En Mendoza existe una Facultad de Filosofía y Letras desde la creación de la Universidad de Cuyo, con un Instituto de Filosofía creado en 1943 y al que la Universidad encomendó a fines de 1947 la organización de un Congreso Argentino de Filosofía. Por disposición del Poder Ejecutivo nacional, ese certamen se convirtió en el Primer Congreso Nacional de Filosofía, celebrado a comienzos de 1949 en Mendoza y del cual aparecieron en 1950 las Actas con los discursos pronunciados y los trabajos presentados en el mismo.

En el Litoral, la extinguida Facultad de Ciencias de la Educación de Paraná fue sustituida en 1948 por una Facultad de Filosofía y Letras en Rosario.

Contrasta con este número de instituciones y publicaciones oficiales, la ausencia casi total en el país de instituciones y publicaciones de origen privado dedicados exclusivamente a la filosofía. Algunos ensayos meritorios tuvieron escasa vida: así la Sociedad Kantiana de Buenos Aires, nacida en 1929, en la que durante algunos años una reunión de personas agrupadas alrededor de ALEJANDRO KORN realizó una labor importante; así también la revista Minerva, "Revista continental de Filosofía", aparecida en Buenos Aires entre 1944 y 1945. Un intento reciente: Notas y estudios de filosofía, publicación periódica que aparece en Tucumán desde 1949, parece afortunadamente tener más éxito.

Tal contraste no haría sino confirmar la observación ya formulada para toda Latinoamérica, de que entre nosotros la filosofía continúa siendo tarea individual y privada y que, por tanto, los progresos realizados durante este siglo se deban a las influencias y a los esfuerzos individuales.

Entre las primeras cabe destacar la ejercida por el filósofo español JOSÉ ORTEGA Y GASSET, cuya primera visita al país, invitado por la Institución Cultural Española, se realizó en 1916, pero que volvió en 1928 y en 1939. En cuanto a los esfuerzos individuales recordemos que a principios de siglo predomina en el pensamiento nacional la corriente positivista, que en el sentido filosófico tuvo entre nosotros como máximo representante a J. ALFREDO FERREIRA, profesor universitario y pedagogo reformista que en 1924 fundó el Comité Positivista Argentino y el año siguiente su órgano de difusión: El Positivismo; Comité y revista que puede decirse que murieron con su animador en 1938.

Pero ya entonces el panorama filosófico nacional había cambiado por obra de INGENIEROS, KORN... JOSÉ INGENIEROS, médico al que se deben numerosos trabajos e iniciativas en el campo de la psiquiatría y de la criminología, y profesor universitario de psicología, fue uno de los publicistas más prestigiosos de su tiempo.

En su posición filosófica INGENIEROS supera el positivismo: adhiere al cientificismo de la época, dirigiendo principalmente su actividad filosófica hacia los temas sociológicos, en especial argentinos, en cuyo campo sus obras más importantes son: la colección de escritos y críticas de libros y autores Sociología argentina, de 1908, y La evolución de las ideas argentinas en dos volúmenes aparecidos en 1918 y 1920.

Además de su obra original, muy abundante, se debe a INGENIEROS la edición de "La Cultura Argentina", importante colección de 144 obras de los más grandes pensadores argentinos, y la publicación de la Revista de Filosofía, periódico bimestral de cultura, ciencias y educación, que apareció desde 1915 hasta 1927 y cuyo programa resume el pensamiento filosófico de INGENIEROS, pues esa revista se proponía estudiar "problemas de cultura superior e ideas generales que excedan los límites de cada especialización científica", agregando que no editaría artículos literarios, políticos, históricos, ni forenses, pero trataría, en cambio, de "imprimir unidad de expresión al naciente pensamiento argentino, continuando la orientación cultural de RIVADAVIA, ECHEVERRÍA, ALBERDI y SARMIENTO."

Si INGENIEROS representa una etapa de transición, KORN es el iniciador del actual movimiento filosófico argentino.

ALEJANDRO KORN, médico, ejerció su profesión hasta 1916, fecha en la que se dedica exclusivamente a los estudios filosóficos, aunque ya en 1906 había iniciado su carrera docente universitaria, profesando primero en la Universidad de Buenos Aires y luego en la de La Plata.

La personalidad de KORN adquiere contornos excepcionales, ya como el maestro que entre nosotros más ha contribuído a la renovación y actualización del movimiento filosófico, ya como el primer filósofo argentino que se ha consagrado exclusivamente a sus disciplinas con información amplia y con pensamiento original.

Se ha ocupado de historia de la filosofía en una serie de ensayos y monografías sobre grandes filósofos y sistemas, aparecidos en épocas distintas, que abarcan la mayor parte del segundo volumen de sus Obras, editadas por la Universidad de La Plata, de las que han aparecido tres volúmenes en 1938, 1939 y 1940, respectivamente. Se ha ocupado de temas de índole puramente filosófica: ya tratando problemas fundamentales de la filosofía contemporánea, como el del conocimiento, el de los valores y el de la cultura; ya en su importante estudio La libertad creadora, aparecido como artículo en 1920 y ampliado como folleto en 1922; ya en sus Apuntes filosóficos de 1935, que constituyen una excelente introducción a la filosofía y que esquematizan, junto con el estudio anterior, la posición doctrinaria de KORN. Finalmente, se ha ocupado de las Influencias filosóficas en la evolución nacional en un interesante trabajo que terminó de redactar en 1919, pero que se publicó póstumo en forma incompleta.

Además de ALEJANDRO KORN, han contribuido al despertar filosófico argentino: SAÚL TABORDA, que ya mencionamos por sus investigaciones pedagógicas, ALBERTO ROUGES de Tucumán, que fue profesor en su Facultad de Filosofía y Letras y autor de profundos escritos filosóficos, y FRANCISCO ROMERO, una de las figuras actuales más prestigiosas de la filosofía argentina, que además de su labor puramente filosófica realiza una eficaz labor docente en sentido amplio, ya dirigiendo una "Biblioteca filosófica" que publica una importante editorial argentina, ya a través de la Cátedra Alejandro Korn del Colegio Libre de Estudios Superiores. Esa eficaz labor le hizo acreedor últimamente (1950) al premio otorgado por la Fundación Severo Vaccaro para "el periodista, escritor u hombre de ciencia que se haya destacado por la labor realizada o por nobles actos de bien público o de otro modo honrosos para el país"; fundación instituida en recuerdo de SEVERO VACCARO, figura vinculada con el periodismo argentino, y organizador y benefactor de empresas editoriales de carácter cultural. Como único ejemplo, vinculado con el tema de este parágrafo, recordemos que fue la ayuda de VACCARO la que hizo posible, por supuesto con pérdidas, la edición de la colección "La Cultura Argentina" y de la Revista de Filosofía, dirigidas por INGENIEROS.

83. HISTORIA

A diferencia de lo ocurrido con los estudios filosóficos, los estudios históricos se han centralizado, durante este período, casi totalmente en numerosas instituciones consagradas al efecto.

Ya recordamos que a principios del siglo asoma "la nueva escuela histórica argentina", para la cual, según CARBIA, la historia americana y en particular la argentina, deben constituirse partiendo de investigaciones bibliográficas y documentales realizadas de acuerdo con los más rigurosos métodos de deducción e interpretación, ordenando los hechos y estableciendo los procesos dentro del marco de la universalidad del fenómeno histórico, y cuidando que en tal resurrección del pasado la forma literaria no obedezca a la exclusiva finalidad estética.

Una figura de prestigio en el pensamiento argentino permite caracterizar el período de transición entre la labor histórica realizada durante la organización nacional y la labor que inicia la "nueva escuela": es PAUL GROUSSAC, que alguna vez dijo que la historia es ciencia, es arte y es filosofía; afirmación que, claro es, no encuadra totalmente en la concepción historiográfica anterior.

GROUSSAC, de origen francés, vino al país muy joven; entre 1885 y 1925 fue director de la Biblioteca Nacional, donde organizó el Depósito de Manuscritos y fundó dos publicaciones importantes de la misma: los Anales de la Biblioteca, que aparecieron entre 1900 y 1915 y en los que GROUSSAC publicó documentos relativos al Río de la Plata, con introducción y notas, entre los cuales un alegato sobre las islas Malvinas (en francés) en 1900; y La Biblioteca, revista mensual de historia, ciencia y letras, que apareció entre 1896 y 1898.

El primer trabajo histórico de GROUSSAC fue un importante estudio regional aparecido en 1882 con el título Ensayo histórico sobre el Tucumán, al que siguieron en este siglo los notables estudios sobre Santiago de Liniers, conde de Buenos Aires, de 1907, y Mendoza y Garay, las dos fundaciones de Buenos Aires, 1536-1580, de 1916.

Se deben además a GROUSSAC dos libros de biografías y temas históricos: Estudios de historia argentina, de 1918, en el que se ocupa del padre JOSÉ GUEVARA, de don DIEGO DE ALVEAR, del doctor don DIEGO DE ALCORTA, y de las Bases de ALBERDI y el desarrollo constitucional; y Los que pasaban, de 1919, con las biografías de JOSÉ MANUEL ESTRADA, PEDRO GOYENA, NICOLÁS AVELLANEDA, CARLOS PELLEGRINI y ROQUE SÁENZ PEÑA.

Dijimos que en este período la investigación histórica se ha concentrado en las instituciones dedicadas a las mismas y diseminadas por todo el país. De las no universitarias la más importante es la Academia Nacional de la Historia, nacida en 1938 al oficializarse la antigua Junta de Historia y Numismática Americana. La Academia intensifica su plan de publicaciones (ya en 1924 la Junta había iniciado la publicación de un Boletín), entre las cuales apareció la monumental Historia de la Nación Argentina (Desde los orígenes hasta la organización definitiva en 1862) bajo la dirección general de su presidente el historiador RICARDO LEVENE. En esta obra, ordenada por ley, colabora un centenar de historiadores y de ella, entre 1936 y 1950, aparecieron diez volúmenes en catorce tomos, faltando únicamente el tomo dedicado a los índices, un "Manual" de dos volúmenes, y el "Atlas histórico y geográfico", habiéndose además propuesto completarla con algunos volúmenes para considerar el período 1862-1910.

De las instituciones universitarias consagradas a la investigación histórica, la más importante es el Instituto de Investigaciones Históricas de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires, creado en 1903 y que ha realizado una notable labor editando importantes publicaciones y colecciones, entre las que citamos: el Boletín que aparece desde 1912; los Documentos para la Historia Argentina, desde 1913, las Publicaciones con monografías históricas, desde 1917; y la Biblioteca Argentina de Libros Raros Americanos, que comprende 5 tomos aparecidos entre 1922 y 1927.

Agreguemos que durante este período se habilitaron nuevos museos históricos nacionales, provinciales y municipales, entre los cuales mencionamos el Museo Colonial e Histórico de Luján, inaugurado en 1923, que depende de la Provincia de Buenos Aires; el Palacio San José, que fue residencia de URQUIZA y que en 1936 se declaró monumento nacional para fundar en él un museo regional, que es además un centro de estudios históricos y de publicaciones relacionados con URQUIZA y con el Archivo que existe en el Palacio; y el Museo Histórico Sarmiento que se inauguró en 1938, aunque se debe a iniciativas muy anteriores, y contiene los muebles, objetos, retratos y documentos del prócer o vinculados con él.

En todo lo anterior nos hemos referido a investigaciones de historia argentina. Por otra parte, en la Facultad de Filosofía de Buenos Aires existe, desde su creación, un Instituto de Historia Antigua y Medieval, que ha editado algunas publicaciones, pero que tiene una misión preferentemente didáctica; además ya han surgido en el país algunos investigadores aislados dedicados a temas de historia universal.

Terminemos diciendo que, muchas investigaciones sobre las disciplinas tratadas en este capítulo se han publicado en revistas de cultura general como Nosotros (1º época 1907-1934, 2º época 1936-1943); Realidad (1947-1949); Sur, que aparece desde 1931; y, otras ya citadas, como Cursos y Conferencias que ha dedicado muchas páginas, y a veces números enteros, a temas de economía argentina, problemas sociales, derecho, filosofía, historia, etcétera.

84. HISTORIA DE LA CIENCIA

Por la naturaleza de este libro dedicaremos el último parágrafo al desarrollo en la Argentina de una rama especial de la historia: la historia de la ciencia.

Hacia 1939 existían en la Argentina, además de algunos cultores aislados de esa disciplina, dos cátedras especializadas de historia de la medicina (una de las cuales, la de Buenos Aires, editaba desde 1938 Publicaciones de la cátedra de historia de la medicina), y algunas otras cátedras de enseñanza superior en las que la historia de la ciencia integraba esa enseñanza.

Con el propósito de impulsar tales estudios, la Universidad Nacional del Litoral creó en 1938 el Instituto de Historia y Filosofía de la Ciencia, cuyas finalidades principales eran: realizar investigaciones originales, organizar seminarios para contribuir a la formación de investigadores, y elaborar un repertorio bibliográfico de historia de la ciencia, y fue contratado para dirigirlo el profesor ALDO MIELI, eminente historiador de la ciencia, entendida ésta no como suma o yuxtaposición de las historias de las ciencias particulares o de las biografías de los sabios individuales, sino como una disciplina autónoma, con método y finalidades propias, y cuyo objeto es analizar y criticar históricamente una determinada y específica actividad humana.

En ese sentido, MIELI ya había realizado una amplia labor como investigador y como propulsor: en 1919 fundó una revista especializada, que luego denominó Archeion, y en 1928 promovió la fundación de la Academia Internacional de Historia de la Ciencia, de la que fue secretario perpetuo.

La vida del instituto argentino de historia de la ciencia fue muy breve, pues fue suprimido en 1943; no obstante, su labor y su influencia fueron notables.

Además de una intensa labor bibliográfica, el Instituto editó en tierra argentina la revista Archeion, cuya aparición se había suspendido con motivo de los sucesos europeos, publicando cuatro volúmenes (1940-1943); posteriormente, en 1947, con los auspicios de la UNESCO, la revista volvió a aparecer en París con el título: Archives internacionales d'Histoire des Sciences. Por otra parte, el Grupo Argentino, filial de la Academia Internacional de Historia de la Ciencia, ha intensificado sus actividades en estos últimos tiempos mediante actos, conferencias y reuniones, algunas de carácter público como las Primeras Jornadas de Epistemología e Historia de la Ciencia, realizadas en Buenos Aires en 1948, y en las que se presentaron y discutieron numerosos trabajos de ambas disciplinas. Finalmente, es sintomático que en los últimos años las grandes editoriales argentinas hayan concedido importancia a los estudios de historia de la ciencia, ya editando clásicos de la ciencia, ya publicando colecciones y libros vinculados con esa disciplina, algunos de autores locales.

Si del campo de la historia de la ciencia, en general, pasamos al de la historia de la ciencia en la Argentina encontramos, como es natural, una actividad y una producción más antiguas y abundantes.

En la Historia de la Nación Argentina, dirigida por LEVENE, no existe ningún capítulo dedicado exclusivamente a la ciencia en su conjunto, sin embargo muchos capítulos y parágrafos dedicados a la historia cultural: enseñanza, imprenta, periodismo, letras, etcétera, son contribuciones a ese estudio. En cambio, como visiones de conjunto podemos mencionar el Panorama de las actividades humanísticas en la Argentina, aparecido sin firma en Verbum, Revista del Centro de Estudiantes de Filosofía y Letras de Buenos Aires, Nos. 2 y 3, Buenos Aires, 1942; y, para la ciencia exacta y natural, nuestro ensayo La investigación científica en la Argentina publicado en la Revista de la Universidad de Buenos Aires, Tercera época, Tomo II, Buenos Aires, 1944, más tarde ampliado en el volumen Historia de la ciencia argentina, México, 1949.

También a la ciencia exacta y natural y a sus aplicaciones se refiere la colección de monografías ya mencionada, cuya publicación dispuso la Sociedad Científica Argentina en 1922, y las cuales sólo aparecieron las siguientes: II. La evolución de la física, por RAMÓN LOYARTE. Buenos Aires, 1924; III. Las ciencias químicas, por ENRIQUE HERRERO DUCLOUX, Buenos Aires, 1923; IV. Las matemáticas en la Argentina, por CLARO C. DASSEN, Buenos Aires, 1924; V. La evolución de la astronomía durante los últimos cincuenta años (1872-1922), por ENRIQUE CHAUDET, Buenos Aires, 1926; VI. Nuestra mineralogía y geología durante los últimos cincuenta años (1872-1922), por FRANCO PASTORE, Buenos Aires, 1925; VII. Los estudios botánicos, por CRISTÓBAL M. HICKEN, Buenos Aires., 1923; XI. La higiene pública y las obras sanitarias argentinos, por NICOLÁS LOZANO y ANTONIO PAITOVÍ, Buenos Aires. 1925; XIII. La evolución de la meteorología, por GUILLERMO HOXMARK, Buenos Aires, 1924.

Otra colección vinculada a la historia de la ciencia argentina es la que publica, desde 1944, el padre GUILLERMO FURLONG, S. J. bajo el título genérico: Cultura colonial argentina, y que comprende monografías sobre educación, arte y ciencia argentinos "durante la dominación hispánica".

También interesa a la historia de la ciencia argentina la premiada obra de RICARDO ROJAS, Historia de la literatura argentina (1º edición en cuatro volúmenes, Buenos Aires, 1917-1922) que, no obstante el título, es una cabal historia del pensamiento argentino y por tanto se ocupa también del pensamiento científico.

Pasando a las actividades particulares sólo mencionaremos algunos trabajos. A la evolución de la enseñanza superior, además de la clásica obra de GUTIÉRREZ ya citada, se refieren algunos capítulos y parágrafos de la precitada Historia de la Nación Argentina. En cuanto a la evolución general de las ideas y del movimiento filosófico en la Argentina cabe señalar, además de los escritos de INGENIEROS y de KORN ya citados, el estudio de FRANCISCO ROMERO: Reflexiones sobre la marcha del pensamiento filosófico en la Argentina, aparecido en los Nros. 1 y 2 de Cuadernos Americanos, México, 1950.

Han investigado la evolución de los estudios matemáticos en la Argentina: DASSEN al que, además del trabajo ya citado, se debe una obra de gran talento: La Facultad de Matemáticas de Buenos Aires (1874-1880) y sus antecedentes, cuyo primer tomo repartido en dos volúmenes: Antecedentes varios (desde 1767) apareció como tomo V de los Anales de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en 1941; y NICOLÁS BESIO MORENO, que ha publicado una Sinopsis histórica de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Buenos Aires y de la enseñanza de las matemáticas y la física en la Argentina, Buenos Aires, 1915.

BESIO MORENO se ha ocupado además de otros temas de historia de la ciencia en la Argentina: historia de la Sociedad Científica, historia de las epidemias, etcétera. Últimamente (1950) en una conferencia: "San Martín y la matemática", hizo conocer algunos documentos inéditos reveladores de la influencia de SAN MARTÍN en el desarrollo de los estudios matemáticos en la Argentina de comienzos del siglo pasado.

De la historia de la técnica se ha ocupado EMILIO REBUELTO, hombre de vastos conocimientos cuya actividad científica se ha extendido a distintos sectores: matemática, geografía económica, estadística, ferrocarriles, etcétera.

La historia de la medicina y la historia del derecho son los aspectos más cultivados de la historia de la ciencia en la Argentina. Además de los trabajos sobre estos temas aparecidos en la Historia de la Nación Argentina recordemos, para la medicina, la voluminosa obra de CANTÓN ya citada y uno de los trabajos orgánicos más antiguos, el de PEDRO MALLO, Páginas de la Historia de la Medicina en el Río de la Plata desde sus comienzos hasta 1822, aparecido en los dos primeros volúmenes (1897 y 1898) de los Anales de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires. Dejando de lado la abundante producción acerca de estos estudios que aparece en las publicaciones médicas, en especial en las Publicaciones de la cátedra de Buenos Aires, mencionemos un trabajo reciente que revela el estado de especialización a que se ha llegado en los mismos: La sanidad y el cuerpo médico de los ejércitos libertadores. Guerra de la independencia 1810- 1828), Rosario, 1951, por FRANCISCO CIGNOLI, profesor que en otras ocasiones se ha ocupado de asuntos vinculados con la historia del arte de curar en la Argentina.

A la historia del derecho está consagrado en la Argentina un instituto especial: el Instituto de Historia del Derecho Argentino y Americano, dependiente de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, dirigido por RICARDO LEVENE que lo fundara en 1936, y que lleva a cabo un importante plan de publicaciones: Colección de textos y documentos (en gran parte reediciones facsimilares), iniciada en 1939; Colección de estudios, iniciada en 1941 y ampliada en 1947 a los estudios para la historia del derecho patrio en las provincias; Conferencias y comunicaciones, iniciada en 1941, y finalmente, en 1949, su Revista.

A la historia de la economía argentina están dedicados muchos estudios que aparecen en las revistas de economía y en las de carácter general, en especial Cursos y Conferencias.

Como trabajo de conjunto citemos el libro de LUIS ROQUE GONDRA, Historia económica de la República Argentina, Buenos Aires, 1943, agregando que en el suntuoso tomo que el Banco de la Nación editó en 1941 con el título El Banco de la Nación Argentina en su Cincuentenario MCMXCI MCMXLI, aparecen numerosos datos históricos vinculados, no sólo con la evolución bancaria sino con toda la evolución económica argentina.

De la historia de los estudios históricos en la Argentina se ha ocupado en especial RÓMULO D. CARBIA, que en 1925 publicó una Historia de la historiografía argentina y en 1939 una Historia crítica de la historiografía argentina (Desde sus orígenes en el siglo XVI), ambas aparecidas en la Biblioteca Humanidades de La Plata, de la última de las cuales dio una edición definitiva en Buenos Aires, 1940. Además de exponer la concepción del autor acerca de la evolución de esos estudios, este libro es un verdadero arsenal de datos históricos y bibliográficos, muchos de los cuales son de interés para la historia de la ciencia. El lector encontrará en él datos bibliográficos que se refieren, por ejemplo, a la historia de los transportes, comunicaciones y correos, de la diplomacia, etcétera. Entre esos asuntos particulares mencionemos el periodismo, para la redacción de cuya historia el Círculo de la Prensa abrió en 1941 un concurso con motivo de su resultando con el primer premio la obra de cincuentenario JUAN RÓMULO FERNÁNDEZ, Historia del periodismo argentino, Buenos Aires, 1943.

Y, por último, de los numerosos estudios biográficos de científicos argentinos, cabe destacar un par de libros que trascienden la mera biografía: la Historia de Vélez Sarsfield (dos tomos, Buenos Aires, 1937) de ABEL CHANETON, y Nuestra ciencia y Francisco Javier Muñiz. El sabio - El héroe (Biblioteca Humanidades, La Plata, 1943) de ALBERTO PALCOS, en los que alrededor de la figura central se realizan sendos estudios de ciencia argentina: de ciencia cultural en el primer caso, de ciencia natural en el segundo.

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