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Cueva de la Araña

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En el municipio de Bicorp, Valencia, España, se encuentran algunas de las cuevas y abrigos con pinturas rupestres, más conocidas de todo el mediterráneo europeo. Este arte corresponde a las primeras sociedades productoras de nuestras tierras, con una cronología aproximada de 6.000 años antes del presente.

El arte rupestre Levantino fue declarado por la UNESCO en 1998 Patrimonio de la Humanidad, con lo que ello supone de reconocimiento y al tiempo de protección para un Bien de Interés Cultural que sufre mucho con la climatología, el paso del tiempo y sobre todo con las acciones humanas.

La Cueva de la Araña, situada sobre el río Cazunta, contiene una de las representaciones más famosas en todo el mundo, la recolección de la miel. En ella aparece una figura humana en el acto de recoger la miel de una colmena rústica, para lo que se ha aprovechado una concavidad de la pared rocosa. Se trata de una representación muy cuidada, puesto que la escena se completa con unas enormes abejas que revolotean en torno al personaje que está en alto en una especie de escalera formada por tres cuerdas.

Las viejas pinturas rupestres del Paleolítico como las descubiertas en 1922 por el profesor Hernández Pacheco.

Pinturas rupestres Editar

Los dos personajes que se dedican a esta tarea portan ambos un zurrón o capazo. Además de esta escena en el mismo abrigo se encuentran otros animales y representaciones humanas.

El paraje conocido como el Buitre, situado al oeste de Bicorp y atravesado por el barranco Moreno, es una de las vertientes más abruptas y complejas de la Muela de Cortes. Precisamente lo intrincado del relieve con sus numerosas cavidades y abrigos propios de la composición caliza del paisaje y el hecho de que las pinturas no se vean muy fácilmente, han hecho que éstas hayan sido descubiertas sólo hace aproximadamente 25 años. Entre 1974 y 1977 se descubrieron 10 abrigos con pinturas y otros yacimientos arqueológicos, de los cuales se puede visitar La Balsa de Calicanto. Este abrigo es el mayor de los descubiertos hasta el presente. Ocupa una longitud de unos 30 m. y recibe el nombre de una pequeña balsa ubicada en su interior. Contiene multitud de pinturas en tono rojo distribuidas irregularmente, con un estado de conservación bastante bueno. Entre las representaciones destacan una cabra, los antropomorfos, una cierva, un caballo y signos en zig-zag.

En la actualidad la Dirección General de Patrimonio Artístico de la Conselleria de Cultura de la Generalitat Valenciana, mantiene un servicio de guías para la visita a algunos de estos abrigos que están siendo preparados para la visita mediante su protección y la limpieza de las pinturas. Asimismo prepara un proyecto para la declaración de la zona como Parque Cultural. Para la reserva de visitas guiadas contactar con el Ayuntamiento de Bicorp.

Las pinturas rupestres del Levante Español Editar

por María García Yelo

El comienzo del periodo Holoceno anuncia la desaparición de todo el complejo mundo del arte paleolítico en Francia y en el área cantábrica española y es la región levantina de la Península Ibérica la que, pese a las muchas diferencias, parece continuar la esencia pictórica del largo periodo anterior. Es el momento final de la glaciación; los cambios de temperatura y el lento traslado hacia el norte de las especies propias de climas fríos provocan la disgregación de todo el bloque de la primera unidad cultural conocida en la historia de la humanidad.

En consecuencia, aproximadamente a partir del año 10.000, se abandona la pintura de las cuevas franco - cantábricas, toda la cultura paleolítica desaparece, se transforma u olvida al acabarse la glaciación del Würm y Europa entra en un estadio de clima más benigno. La etapa que comienza y que se prolongará durante algunos milenios es el denominado periodo aziliense, el hombre que lo representa es el primero epipaleolítico y sucede al último artista del ciclo Magdaleniense.

Sin embargo, a partir de 7.000 - 6.000, pueblos cazadores como sus antepasados del Paleolítico vuelven a expresarse, también buscando la roca como soporte, en múltiples pinturas que llenan los abrigos rocosos de las sierras de España oriental, desde el borde de la Meseta a la costa mediterránea. Estas nuevas representaciones se relacionan directamente con las pinturas del norte de África, del Sahara, del África austral, planteando los consiguientes problemas para explicar su difusión. El hombre de este nuevo periodo se dedicaba a la caza de animales que aún hoy existen (fauna postcuaternaria), recolectaba vegetales, aunque desconocía la agricultura y no había logrado domesticar animales, vivía al aire libre y plasmaba su arte en los abrigos de las sierras levantinas, no en cuevas donde al parecer ya no habitaba.

El arte que desarrolla es de una mayor esquematización, elimina los detalles - lo que implica un proceso de selección y captación de los movimientos y las líneas esenciales - y esto da como resultado un arte vívido y depurado, refinado. El hombre se convierte en protagonista de multitud de escenas de caza o guerra, danzas o actividades de recolección.

Todas estas imágenes se dispersan en un área que se extiende desde Huesca a las provincias de Albacete, norte de Granada y Murcia, dándose el mayor núcleo de pinturas en Teruel, Castellón, Valencia, Albacete y Murcia.

Uno de los problemas persistentes de la pintura levantina es la datación. Aún no hay un conocimiento exacto sobre la cronología, cuándo se inicia y en qué momento se dejan de realizar estas imágenes. La teoría de H. Breuil sobre su pertenencia al periodo paleolítico - no se puede explicar el arte levantino sin reconocerle una conexión con el arte que llenó las cuevas franco - españolas durante el Cuaternario - ha sido descartada hace tiempo, pero los investigadores del Postpaleolitismo aún mantienen diversas posturas: para algunos su origen está en el Mesolítico, para otros en la Edad de Bronce (Jordá). La complicación está en la datación de los orígenes, saber cuándo adquiere sus formas propias y cuándo éstas se propagan al espacio concreto del Levante español. Más fácil es sin embargo conocer el momento de su crisis, su disgregación, su pérdida del carácter inicial naturalista para convertirse una "pintura esquemática" o abstracta, evolución que se produce por el paso de la vida cazadora a la vida agrícola.

Fue J. Marconell quien tuvo el honor de descubrir en 1892 las primeras manifestaciones de este arte en La Cocinilla del Obispo (Albarracín, Teruel). El siguiente contacto con esta pintura postpaleolítica del Levante español se produce en 1903, cuando J. Cabré, arqueólogo turolense, y R. Huguet descubren los ciervos de estilo naturalista de Calapatà, en Teruel (1903) - estos ciervos pronto se relacionaron con la pintura rupestre cantábrica -, y la danza fálica de la Roca dels Moros de Cogull, en Lleida (1907). Son estos dos investigadores quienes dan a conocer al mundo científico la pintura levantina por medio de la publicación de los estudios sobre los ciervos de Calapatá (Teruel) en 1907 y, al año siguiente, la edición de un trabajo en el Boletín del Centro Excursionista de Cataluña sobre el abrigo pintado en Cogull (Lleida).

La espectacularidad de estos grupos de pinturas despertó el interés de los investigadores y abrió también la vía de expediciones múltiples en busca de nuevas figuraciones por las montañas de Levante, en principio en los más próximos alrededores de los dos ejemplos anteriormente citados. Así, en 1909 se analizarían las pinturas de los abrigos de Albarracín, en 1910 las de Alpera (Albacete), Cantos de la Visera (Yecla, Murcia) en 1912, Minateda en 1914, etc, hasta la actualidad, cuando aún continúan las investigaciones.

Evidentemente, todas estas novedades obligaron a reputados estudiosos a visitar la zona y a estudiarla.

En cualquier caso, pese a la sorpresa de los investigadores ante los hallazgos, muchas de estas pinturas al aire libre del arte levantino habían sido contempladas durante siglos por los lugareños, que no les habían dado importancia científica alguna. Es más, incluso se han encontrado referencias a estas imágenes en escritos de Lope de Vega, Góngora, Ponz …

El problema de la cronología de las Pinturas rupestres del Levante español Editar

Una de las controversias pendientes de solución en la investigación del Arte rupestre levantino es la cronología y la identificación cultural de las pinturas. Aunque son muy numerosas las teorías que se han barajado, aún en la actualidad es un tema sobre el que no existe consenso.

En los primeros momentos del estudio del arte levantino se consideró que era una manifestación singular del arte Cuaternario; la teoría defendida por Breuil, Obermaier y Bosch era que se trataba de una manifestación artística paleolítica desarrollada por un grupo cultural distinto al franco - cantábrico; es decir, las series levantinas serían de los hombres capsienses relacionados con etnias del norte de África.

Esta teoría no tenía el fundamento suficiente y en adelante tan sólo L. Dams y J. Aparicio han mantenido la cronología paleolítica (inicios en 12.000 - 11.000 a.C) para el arte levantino. Aunque pudiera admitirse que la pintura rupestre levantina tuviese remotas raíces en el arte paleolítico, las diferencias entre ambas manifestaciones son evidentes, incluso si aún se desconoce cuándo y dónde se produjo la transición.

La evidencia de que las especies animales representadas no reproducían la fauna pleistocénica llevó a M. Hernández Pacheco y a J. Cabré a pensar que se trataba de una manifestación artística postpaleolítica; estos investigadores se basaban en el análisis de los conjuntos de Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz, Teruel) y La Araña (Bicorp, Valencia). También Almagro Basch, con su estudio sobre la Cueva de Cogull, Lleida (1952) apoyó esta tesis postpaleolítica.

Aunque casi todos los investigadores coinciden en no adscribir las pinturas rupestres del Levante español al periodo paleolítico, sigue sin haber un planteamiento definitivo. E. Ripoll sitúa el comienzo de las representaciones hacia el año 6.500 a.C.. A. Beltrán plantea los inicios en el 6.000 a.C. y enlaza el final con las últimas manifestaciones azilienses cantábricas. Por su parte, J. Fortea opina que las primeras imágenes de este ciclo artístico se situarían en torno al 5.000 a.C., en relación con los grupos epipaleolíticos del Levante español, pero no los vincula con el Arte Paleolítico franco - cantábrico. M. Hernández Pacheco indica los comienzos a finales del IV milenio relacionados con las manifestaciones de la cerámica cardial del Neolítico inicial de la región mediterránea peninsular. F. Jordá sitúa los primeros momentos del arte levantino a mediados del IV milenio, coincidente con el Neolítico, y habla de su florecimiento en la Edad de los Metales y de su desarrollo sincrónico al arte esquemático…

El conflicto fundamental con el que se encuentran todas estas teorías es la escasez de asentamientos en los abrigos pintados y de niveles claros de estratificación, lo que impide dar una adscripción cultural segura. No obstante y según indican los estudios más recientes, parece evidente la edad postpaleolítica de la pintura levantina y su agotamiento y sustitución por un arte del Eneolítico; sin embargo, es muy difícil establecer una cronología absoluta y confirmar que estas expresiones plásticas son meso - neolíticas.

En todo caso y pese a los muchos interrogantes, algunos investigadores, como E. Ripoll, han ha creído poder establecer una hipotética cronología que marcaría las distintas fases estilísticas del arte levantino:

1- Fase de sencillas pinturas lineales y geométricas que podría llegar hasta el año 5.000 a. C.; a esta fase corresponderían las pinturas de las cuevas de la Sarga (Alcoy, Alicante), Cantos de la Visera (Yecla, Murcia) y la Araña (Bicorp, Valencia).

2- Fase antigua o naturalista, es decir, mesolítica o epipaleolítica, que abarcaría el periodo comprendido entre el 6.000 y el 3.500 a.C.. Es entonces cuando se realizan las pinturas de animales de gran tamaño, en tintas planas, de escaso movimiento y sin presencia de figuración humana. Destacan los toros rojos y blancos de los abrigos de Albarracín (Teruel), los toros rojos de la Cueva Remigia en el Barranco de Gasulla (Ares del Maestre, Castellón de la Plana), el gran toro de la Cueva de la Araña (Bicorp, Valencia), los ciervos de Calapatá (Cretas, Teruel) y de Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz, Teruel), los ciervos de Alpera (Albacete) y otros análogos.

3- Fase plena con la progresiva desaparición de los toros, la abundancia de ciervos y, en ocasiones, las metamorfoseadas figuras de los primeros en cérvidos. La representación de estos animales sigue la tradición de la fase 2 pero aumenta su movimiento y la complejidad de las escenas. Surge además la figura humana, muy poco naturalista. Este periodo arrancaría en el año 4.000 a.C. y las imágenes más representativas de esta fase serían las del hombre inclinado de la Cueva Remigia del Barranco de la Gasulla (Ares del Maestre, Castellón de la Plana), algunos animales de Minateda (Albacete), la mayor parte de las pinturas de Cogull (Lleida) y de la Solana de las Covachas (Nerpio, Albacete).

4- Fase de desarrollo, coetánea al Neolítico de las llanuras litorales, pero aún sin escenas pastoriles o agrícolas. Abarca el periodo comprendido entre los años posteriores al 3.500 y el 2.000 a.C. A esta fase pertenecerían los bellos conjuntos donde hombres y animales corren; la figura humana en carrera introduce el convencionalismo de las dos piernas en línea; además, abunda la composición diagonal, la esquematización de los cuerpos humanos realizados con técnica caligráfica y la estilización triangular del tórax, la corrección del naturalismo animal a través del movimiento… En esta línea, destacarían los arqueros de Val del Charco del Agua Amarga (Alcañiz, Teruel), los conjuntos del Bajo Aragón, Valltorta (Tirig, Castellón de la Plana), La Gasulla (Tirig, Castellón de la Plana) y Valencia.

5- Fase final desde el año 2.000 a.C. hasta su agotamiento. Supone una vuelta al estatismo, la rigidez y la tendencia a la estilización y el esquematismo cada vez más acentuados. En las pinturas se alude a una agricultura inicial con picos o palos para cavar o a la domesticación de algunos animales - supuestos perros de Alpera (Albacete), monta de caballos -.

Aunque se ha considerado probable que ciertas figuras animales sean de una fase del Eneolítico e incluso de la Edad del Bronce Pleno, adecuándose al estilo levantino final con el florecimiento del esquematismo, no parece posible que la evolución de la propia pintura levantina origine esta esquematización, simbólica e ideomorfa, que aludiría a la introducción de nuevas ideas religiosas, funerarias y artísticas, a una concepción diametralmente diferente de la vida derivada de la revolución metalúrgica.

El problema de la cronología de la pintura rupestre del Levante Español está aún en discusión y, en cualquier caso, la datación absoluta anteriormente propuesta es siempre una hipótesis. Aún no se tienen datos ni fuentes suficientes que puedan dar confirmación a las distintas teorías que se han desarrollado al respecto (Ripoll, F. Jordá, Almagro, Bandi…).

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