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                                == INDICE ==  Regresar a Historia de la apicultura

Antonio T. Caravia. En los Anales de la Sociedad Rural Argentina publica el artículo titulado:

  1. Antonio T. Caravia. (1872). En los Anales de la Sociedad Rural Argentina publica: Cultivo de las abejas. Anales de la Sociedad Rural Argentina 1872. Volumen 6, Nº ?: 53-58. Tiene un libro editado en Uruguay en 1865, corroborado. Artículo Total PDF 1.733 Kb.

Cultivo de las Abejas Editar

Al dedicar algunas palabras a la Sociedad Rural Argentina, como hemos hecho en el artículo anterior, refiriéndonos á la reforma que ella propuso de varios artículos del Código Rural de la Provincia de Buenos Aires, decíamos que era de lamentar, que el artículo 200, n el que se trata de las abejas, no hubiese sido completamente eliminado de él, habiéndose propuesto el Sr. D. E. Olivera, como medio de transacción, que en lugar de dicho artículo que prohíbe tener colmenas á menos distancia de una legua de los Egidos de los pueblos, lo que importaba la anulación de este productivo industria se dijese que, nadie podrá tener colmenas dentro de la traza de los Pueblos de Campaña.

En parecencia de las razones expuestas por dicho Sr., para demostrar la conveniencia que había en que se eliminase, aquel artículo pues tal como está, no solo es perjudicial sino también nulo, espresando que la objeción que se hacía por las personas que lo sostenían, de ser las Abejas animales dañinos etc., era completamente equivocada, que muy distante de eso era un animal inofensivo, productivo y de grande utilidad probada para la Agricultura, con varias otras razones convenientes que la practica confirma diariamente; se comprende que la ilustración, prudencia y la modestia que caracterizan á este Sr., fueron lo que lo indujo á proponer como medio de transacción, la sustitución indicada.

Nosotros, con nuestra práctica, con las reiteradas observaciones sobre el cultivo de esta lucrativa industria, convencidos de que para su progreso bien entendido, no debe ponerse traba alguna, creemos que el artículo en cuestión del Código Rural, debe ser del todo eliminado, y si acáso, sustituido con otro que disponga la cría de abejas puede practicarse, en cualquiera que sea el punto en el que convenga ó pueda situar las colmenas el que las posea: y al proponer esto, ó sea al proponer la industria libre sin traba alguna de la cría de abejas, cuya conveniencia demostraremos, conocemos las preocupaciones con que tenemos que luchar, y lo hacemos con el objeto de vencerlas, procurando hacer la luz perfectamente clara.

Con tal motivo, sostendremos y demostraremos la exactitud de los principios siguientes, sobre el cultivo de este precioso y productivo insecto.

  • 1º La abeja es un animal completamente inofensivo, sea cualquiera el paraje en que se cultive, á no ser que se hostilice de un modo directo.
  • 2º Es uno de los animales domésticos de la mas grande utilidad para el cultivador, y es muy particularmente para el industrial proletario.
  • 3º No daña á las flores ni á las frutas, ni puede dañar á estos, sino que al contrario chupando la miel que contienen, o las sustancias que en ellos puedan encontrar, hacen gran beneficio á la Agricultura, Horticultura etc.

4º Es un animal que se complace en procurar á grandes distancias las sustancias para su alimento y producciones, hasta en donde encuentra las que mas le agradan y convienen, por lo cual, es completamente escusado el ordenar que solo se tengan colmenas á una legua de distancia de los parajes á que no se quiere que vayan, por que allí irán, y aun mas allá, siempre que en esos parajes se encuentren flores y las sustancias que mas les convenga.

El primer principio que hemos sentado, es un hecho que ha podido y puede constatar cualquier cultivador de mediana inteligencia; jamas se vé á las abejas atacar espontáneamente á nadie, y si lo hacen es á los animales que intentan hacerles daño en su colmenas, ó aproximarse demasiado á ellas; ó á los hombres, que sin tomar ciertas precauciones se acercan á sus edificios y los tocan, ó las ofenden en ellos de cualquier otra manera; en particular, en el tiempo en que tienen crías.

A este respecto, su actividad, vigilancia y coraje son admirables, jamas se dejan sorprender, defendiendo en un caso dado su propiedad hasta morir.

Fuera de esos casos, es muy raro que ellas ofendan á nadie, no teniendo tampoco tiempo para ello, pues ocupadas siempre con ese ardor incomparable en procurarse alimentos para si y para sus crías, en proveerse de elementos para fabricar sus producciones, ó en vigilar su establecimiento, efectúan todos sus trabajos con una laboriosidad y contracción incansable; sin cuidarse de lo que no les importa, sin malicia alguna.

El que esto escribe, en el año de 1866, además de las colmenas que tenía fuera de la ciudad, para estudiar a satisfacción las admirables costumbres de este ingenioso insecto, trajo a su casa, en Montevideo, calle del Queguay, dos colmenas, colocándolas en un cuarto que tenía una ventana que daba á un jardincito.

Las colmenas las situó frente a la ventana, teniendo las abejas que entrar y salir por ella; en diferentes horas del día se situaba entre las colmenas y la ventana; las abejas entraban y salían practicando sus trabajos; salina livianas y volvían sumamente cargadas en su mayor parte, en considerable cantidad, siendo á veces como una nube lo que pasaba para afuera y para adentro, sin que jamas, lo hubiesen ofendido, aunque esto aconteció por mas de seis meses continuados; lo que no era estraño, pues ya erales conocido; pero ni aun á las diferentes personas que continuamente iban á ver ese pequeño colmenar.

Hecho el estudio que deseaba y en atención (pag. 55) al trabajo que tenian para procurarse el alimento y el agua, y que varios grupos se volvían al antiguo colmenar de donde se habían traído, las volvió á él, sin que el vecindario, en el cual, muchas casas, había jardines, naranjos y otros árboles, incluso parras, hubiese habido el menor motivo de queja ni hubiesen ofendido á nadie.

Quedando ya completamente convencido, de que era del todo indiferente tener las colmenas dentro o fuera de los Pueblos ó ciudades, siempre que pudiendo adquirirse las abejas su alimento y elementos por sus productos sin gran dificultad, se las llevase de un paraje distante una legua ó algo mas del punto en que se las situaba.

El segundo principio, es uno de los animales domésticos de la mas grande utilidad etc., está por si mismo demostrado, viniendo en su apoyo la circunstancia de que en todo el mundo, en todos los países, mas en uno que otros, según su clima y producciones, se tienen crías de abejas, y de consiguiente cera y miel como sus productos.

El cultivador, el industrial mas ó menos pudiente, tienen sus colmenas en mas ó menos cantidad, sin que su cuidado les cueste trabajo ni gasto alguno, pues el trabajo de cuidarlas, como decía el Dr. D. José Luis Peña, (ya finado) (véase el Cultivo de las Abejas por Caravia, 3ra Parte del curso de Agricultura pag. 11 y siguientes) pues el trabajo de cuidarlas, se reduce á una mera diversión que no impide que las ocupaciones mas serias y exigentes; importando su cultivo ademas, el estímulo para el Agricultor de cultivar también algunas plantas que darían grandes provechos bajo otro respectos, como la alfalfa, el girasol y tantas otras muy convenientes para las abejas y de grandes productos para el cultivador en estos países. (Véase también El Manual de Colmeneros, por el presbítero, cura vicario de San José de Flores, Provincia de Buenos Aires, D. Andrés Ramos y Otero, edición de 1862)

Resultando ser un recurso cierto para el industrial proletario, que, sin tener que descuidar sus trabajos para atender al cultivo de las abejas, cuenta anualmente con el producto de elllas, sea en cualquier parte en donde quiera ó puede tener sus colmenas, siempre que á una distancia regular haya flores y elementos para su consumo, aunque no las haya en el paraje mismo en que tenga sus colmenas, conviniendo sin embargo en que también las tengan próximas; contribuyendo cada colmena con solo sus productos anuales, con cuatro ó seis pesos fuertes, independiente de la miel de que ha podido disfrutar la familia en diferentes épocas del año; y si llegase á vender algunas colmenas, sus productos serían mucho mas considerables.

De lo que resulta que hay conveniencia en permitir y aun facilitar el cultivo de la abeja, sea cualquiera el punto en donde pueda practicarse.

El tercer principio, no dañar á las flores ni á los frutos &&., que por creer que dañan á estos, es la razón que mas invoca, ó la razón en que se fundan los que así lo creen para pedir el alejamiento de este insecto de las poblaciones; que por la misma razón y con mayor fundamento podría pedirse que se aleje de las huertas, quintas &. &., ó parajes en donde hubiese árboles ó montes de árboles frutales; viniendo de este modo á prohibirse su cría, pues entonces solo en los desiertos podrían cultivarse.

Felizmente la misma configuración de la boca de la abeja, demuestra la imposibilidad en que están de dañar á las frutas, pues solo las sustancias azucaradas que en la parte exterior de ellas se encuentra, lo que efectúan con la lengua, sin (pag. 56) poder horada la corteza ó el hollejo; acuden pues á las uvas ú otros frutos, no para chupar los jugos interiores, á no ser que ya estuviesen echados a perder, ó abiertos y empezados a comer por los diferentes pájaros que acuden a ellos, sino para tomar de algunos de ellos la miel que trasudan, como acontece con el damasco, el higo, las uvas &. &., en donde las abejas encuentran miel en abundancia. así como en la Ligamaza, que no solo en los frutos sino también partes de muchas plantas encuentran; es decir; en la materia azucarada, mas ó menos disoluble en el agua, que se asemeja á la miel, que trasuda de las hojas, de las ramas y de los troncos nuevos de muchísimas plantas, así como de algunas flores y frutos trasudación quemas ó menos tiene lugar todos los años, en particular durante el verano (cultivo de las Abejas por Caravia. 3ª Parte del curso de Agricultura pag. 124 y citas) véase también Ligamaza e cualquier diccionario de Agricultura.

Del mismo modo es fácil demostrar, que en vez del daño que se les atribuye ocasionan á los frutos; al contrario, al chupar las abejas, ú otros insectos, la miel de las flores ó al tomar otras sustancias que en ellas se encuentran hacen gran beneficio á la Agricultura y á la Horticultura, pues por una parte aumentan la producción de la miel sacando lo que se seca; y por otra favorecen la fecundación del jermen llevando el pólen o polvo fecundante de unas á otras flores asegurando así la cosecha de los frutos.

La naturaleza, que siempre sabe combinar sus medios de manera que puedan ser uno á otro recíprocamente útiles, quiso que, desgarrando las abejas y otros insectos melíferos las capsulas que encierran los polvos fecundantes, facilitasen la dispersión de estos polvos y que los llevasen aun, sobre el Pistilo, ó sea el órgano social femenino de las vejetales, no solo de la flor á que pertenecían sino también á los de otras flores del mismo pié, ó de pies diferentes; siendo este fenómeno de tal importancia en Agricultura, que indudablemente son mayores sus ventajas, que las que se obtienen de la producción misma de la cera y de la miel (cultivo de las Abejas. Parte citada páginas 29, 121, 122.). Vease asi mimsmo cualquiera de los tratadistas prácticos que dedicándose á esta industria han escrito con detención sobre ella, como El curso completo de Agricultura etc. etc. en 20 Tomos, redactado por una Sociedad de los mas inteligents Agrónomos 4ª. Edición. La maison Rustique du Sicele 19 (ambas obras que esisten en la Biblioteca de la Sociedad Rural).

Cours lementaire d´Agriculture E. R. por Raspail, edición de Bruselas y tantas otras que nada dejan que desear á este respecto también; Los Anales de la Sociedad Rural Argentina Nº 3 de Noviembre de 1866 y número 11 y 12 de Noviembre y Diciembre de 1869).

El cuarto principio, demuestra lo escusado lo ineficaz que es el ordenar que nadie podrá tener colmenas sino á una legua mas afuera de los egidos de los Pueblos.

Así como nada se remedia tampoco, con la enmienda. Nadie podrá tener colmenas dentro de la traza, etc. de los Pueblos de Campaña.

Cualquier colmenero, cualquier Agricultor, cualquier habitante de Campaña algo inteligente, ha podido, ó puede observar la enorme distancia á que se apartan las abejas de sus colmenas para buscar sus provisiones.

Los primeros, ya sea por verlas venir cargadas con productos que solo se hallan á distancia de mas de una legua del colmenar, ya por varias otras circunstancias.

Los segundos, por ver á las abejas esparcidas sobre las flores de sus sembrados, (pag. 57) cuando hay colmenas á bastante mas distancia de una legua de su establecimiento.

Los últimos por ver abejas en parages que distan mucho mas de una legua de aquellos en que hay colmenares.

Estamos ciertos que algunas personas que se impongan de esto que decimos han de convenir en su exactitud recordando algún hecho que lo certifique.

Es evidente, que las abejas no solo se alejan á grandes distancias de su domicilio; sino que se complacen en alejarse; esto aunque sean muchas las flores que haya en los jardines ó en las huertas próximas á sus colmenas, pareciendo que ellas no les suministrasen la variedad y la abundancia que ambicionan, y encuentran en los campos que recorren.

Se sabe que unas abejas se ocupan en acarrear sus provisiones de las flores de los jardines, quintas y sembrados inmediatos á sus colmenas; al paso que otras; dejandoles á aquellas esa tarea, marchan aá traerlas de los parajes mas distantes, en donde encuentran las que tratan de proveerse si en su marcha no las han hallado antes; así es que, cuando se observa con frecuencia, con atención y con estudio los trabajos de las abejas y la clase de sustancias que acarrean, se vé y se comprende que unas traen provisiones de las flores y demás, de plantas que se encuentran en las inmediaciones, ó no demasiado separadas, al paso que otras las traen de plantas que solo se hallan á una legua ó mas de distancia.

De manera que esta propensión de las abejas, hace completamente nulas las disposiciones que venimos contrariando, porque aunque, situadas las colmenas á la distancia que se previene, si en el pueblo cuya estancia se les quiere prohibir se encontrasen flores ó sustancias de las que mas apetecen, y no las hubiese á menos distancia de los pueblos irán á tomarlas.

Del mismo modo que hace del todo inútil, por la mismas razones espuestas, la medida de que solo se tengan colmenas, fuera de la traza de los pueblos.

Las abejas con su actividad y su ardor para el trabajo, hacen escusadas esas y cualquiera otras medidas que tiendan á prohibirles tomar los parajes en que los haya, pues desde que tengan libertad para volar, los buscarán en donde pueda haberlos, y lo hacen, no solo en las huertas y en los patios, sino también dentro mismo de las habitaciones de las casas de los pueblos, si en las habitaciones hay productos que les convengan, aunque se tomen precausiones para impedírselo, sí esas precauciones no son realmente efectivas.

Poned miel, ó panales con miel en una habitación aunque no esté muy cerca del paraje en que haya colmenas, dejad algún postigo abierto ó rendija por donde ellas puedan entrar, y no tardareis en verlas adentro llenándose de miel para llevarla á sus colmenas.

Por las distancias que recorren las abejas, todos los agrónomos prácticos é ilustrados prescriben que, cuando se trate de establecer el cultivo, solo se adquieran las colmenas de grandes distancias y cuando menos de una legua ó algo mas del paraje en que se van á situar, pues de lo contrario es fácil que las pierdan proponiendo las abejas á volverse á la querencia en particular si en el paraje á que se las lleva, no hay abundancia y variedad de flores, y en muchas parte de flores de las mismas clases de las que estaban acostumbradas á nutrirse y á hacer sus provisiones.

Lo que se observa todos los días.

En caso contrario, que se tomen precauciones para impedir que salgan las abejas de las colmenas, nutriéndolas en ella hasta (pag. 58) que se considere han olvidado la querencia.

Y aunque en el campo es donde realmente conviene establecer el cultivo de las abejas, no es menos cierto que pueden cultivarse también en cualquier parte que sea, si bien en algunos puntos no se obtendrían tantos productos como allí; así es que no es justo ni equitativo privar de los recursos, que cultivándolas pueden obtener los industriales proletarios que no habitan la campaña sinó que por la escasez de sus facultades, ó por otras razones, habitan solo en los pueblos ó en los suburbios de los pueblos, únicos parajes en que pueden tenerlas, y remediar con su productos parte de sus necesidades.

Cuando mas, podría exijirse que se redujese el número de colmenas en los parajes en que hubiese pocos elementos para su alimento y provisiones, pero esos mismo sería escusado, pues que desde que en esos parajes no se obtuvieron productos, no se las cultivaría,

Concluimos pues, en vista de las razones que dejamos expuestas, en desear que se declare enteramente libre el cultivo de las abejas, sin traba de ninguna clase, pudiéndose ejercerlo en cualquier parte en quese puedan tener colmenas.


                                                                           A. T. C.

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