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                                == INDICE ==  Historia de la apicultura
Eduardo Olivera
http://www.culturaapicola.com.ar/fotos/Olivera_E.jpg
Retrato de Eduardo OLivera


Eduardo Olivera; (Nace en Buenos Aires el 2 de junio de 1827-Muere en 1910), traduce la obra de del Francés Frairiere (Auguste de Frarière) y lo publica en 1869 con el título de Las Abejas, Guía del Criador de Abejas. Historia Natural. Nociones indispensables al Apicultor en los Anales de la Sociedad Rural Argentina. Volumen 3.

Eduardo Olivera conjuntamente con José Martinez de Hoz, Eduardo Olivera, Lorenzo F. Aguero, Ramón Viton, Francisco B. Madero, Jorge Temperley, Ricardo B. Newton, Leonardo Pereyra, Mariano Casares, Jorge R. Stegman, Luis Amadeo, Claudio F. Stegman y Juan N. Fernandez son los fundadores en 1866 de la Sociedad Rural Argentina. Fue el segundo presidente que la Sociedad tuvo en el período 1870-1874.

Obras de Olivera en la apicultura Editar

  1. Eduardo Olivera informa sobre el artículo 200 del Código Rural y publica la carta de Damian Hudson. (1867). Responde a la anterior en Anales de la Sociedad Rural Argentina. 1867. Volumen 1, Número 1, pag: 74-75. Artículo Total PDF 619 Kb.
  2. Eduardo Olivera. (1869). En los Anales de la Sociedad Rural Argentina publica: Las Abejas, Guía del Criador de Abejas. Historia Natural. Nociones indispensables al Apicultor. Anales de la Sociedad Rural Argentina. 1869. Volumen 3, Número 11, pag: 393-409. Artículo Total PDF 7.100 Kb.

Eduardo Olivera, un pionero del agro. Editar

  • Mercedes Colombres
  • Redacción del Diario La Nación

Este ingeniero agrónomo defendió la expansión de la agricultura y la instalación de colonias rurales en el país

El suelo es la patria, cultivar al uno es servir a la otra. Esta frase, grabada en la fachada del Instituto Agrícola de Grignon de Francia, quedó grabada de tal manera en la mente del joven Eduardo Olivera, aquella tarde de 1854 en la que arribó a la institución para comenzar sus estudios universitarios, que la convertiría en la obsesión de su vida.

Olivera había nacido para un destino de realizaciones, o al menos, eso pensaba su padre Domingo Olivera, (nacido en Ambato, Ecuador) el comerciante ecuatoriano que decidió ponerlo al frente de la chacra Los Remedios (actual casona Olivera, en Floresta) con sólo 14 años y seis años después lo mandó a estudiar ingeniería agronómica a Francia. La visión de su padre transformó a Eduardo en el primer agrónomo del país. Un ingeniero hecho y derecho, pero que recitaba piezas de Moliére o Racine y que admiraba a Jean Jacques Rousseau y a los enciclopedistas. Su madre se llamaba Dolores Ríriz Feliú y se casaron en 1825.

Fue el paso por el Grignon, Web de Grignon (establecimiento concebido en 1826 por Monsieur Bella, un ex general de Napoleón que impulsaba el estudio de la agricultura científica) y sus viajes por las profundidades del Viejo Continente los que le dieron a Olivera la idea de promover el desarrollo a través del campo. Idea que plasmaría en los cuatro tomos de Viajes Agrícolas y en los Anales de la Sociedad Rural.

Según su biógrafo, Carlos Ravelio, Olivera estaba convencido de que sólo a través de la explotación inteligente de la tierra, ayudada por la maquinaria de vapor y los adelantos de la ciencia, se podía traer progreso al país. Diría al respecto del desarrollo rural europeo, al que tomaba como modelo: Allí, la agricultura y los intereses rurales forman las bases de la prosperidad, así como la población de sus campos es el fundamento del orden.

Además de una manada de ovejas para la chacra paterna (que originarían la raza Rambouillet Argentino), Olivera trajo de Europa cinco ideas que darían impulso a su existencia: copiar las exposiciones agrícolas de Birmingham y Salisbury, fundar una sociedad como la Royal Agricultural de Inglaterra, educar a los jóvenes dispuestos a trabajar en el campo y promover la fundación de colonias rurales con inmigrantes. En un viaje posterior, agregaría otras más: la conveniencia de fundar en bancos de crédito agrícola o hipotecarios y de usar la prenda agraria como forma de pago.

El resultado del impulso de Olivera se vio enseguida. Por mandato de Domingo Sarmiento, organizó cuatro exposiciones agrícolas en Córdoba, modelo de inspiración de la actual Rural de Palermo. En la primera (1871), concentró 180 maquinarias, 2200 variedades de cereales, 29.600 paquetes de semillas y 1500 visitantes. Al poco tiempo, organizó campos de cultivo en Río Segundo, adonde se vieron las primeras dinámicas de labranza con maquinaria agrícola de la historia argentina y fundó la primera chacra experimental (el Campo de Culturas Comparativas de Santa Ana).

Pero lo que más obsesionaba a Olivera era la formación de una sociedad de interesados en promover el campo, formada no sólo por propietarios, sino por agrónomos y científicos. Una idea que le costó casi una década llevar a cabo, por los vaivenes políticos. Luego de reunirse con Bartolomé Mitre, Adolfo Alsina y otros caudillos, y un intento fallido con la Sociedad Agrícola Rural de 1859, en 1865 Olivera logró su objetivo. Su amigo José Martínez de Hoz lo convocó para fundar la Sociedad Rural Argentina, que se concretó un 10 de julio de 1866.

Entre las bases de la nueva institución, redactadas de su puño y letra, Olivera pregonaba que los objetivos de la asociación eran promover la mejora, orden y arreglo de nuestro pastoreo, por métodos más razonados que los actuales y conforme a las necesidades económicas y climatológicas del país y "estimular a los hombres de ciencia para que se ocupen de difundir los conocimientos veterinarios y mecánicos para la mejora de nuestros instrumentos agrícolas".

Colonizar con campesinos Editar

Luego de fundar la Rural, Olivera se ocupó de redactar los Anales de la Sociedad Rural Argentina, desde donde hizo docencia para el sector, sosteniendo la necesidad de desarrollar una industria rural, expandir la agricultura y colonizar la tierra mediante el asentamiento de campesinos como propietarios (para lo que propiciaba rebajas del precio de la tierra y facilidades crediticias). Una idea parecida a la de otros pioneros, como Aarón Castellanos, que finalmente no llegó a plasmarse plenamente en el modelo rural local. Hagamos que el proletario europeo comprenda que entre nosotros le espera un porvenir de riqueza. Apresurémonos en darles tierra para que fecunden con su trabajo, dándonos ciudadanos útiles y pacíficos, decía en sus escritos.

Con dos de sus metas alcanzadas, Olivera se lanzó a otro fin: la educación de los jóvenes. Así, en 1868, logró que se funde la Escuela Práctica de Agricultura y Veterinaria de Santa Catalina, en Lomas de Zamora. "El pastor es el esclavo más completo de la naturaleza. Es el hombre más apto para sufrir toda clase de tiranías y nunca podrá ser el ciudadano republicano que buscamos", reflexionaba, en relación a su urgencia por educar a los trabajadores rurales.

Promotor de aplicar lo mejor de la ciencia al campo, Olivera hacía gala de cierto nacionalismo a la hora de incorporar tecnología. Mejorar razas implica mejorar la productividad en las condiciones de nuestra realidad de explotación y de mercado. Tened confianza en vosotros, buscad dentro del país los elementos mejores y más adaptados a nuestro clima y a las condiciones económicas de nuestros mercados, que los que hacéis venir con gran costo del extranjero. Aflige ver capitales propios que salen a enriquecer a criadores extranjeros, cuando podrían servir para mejorar nuestras razas de ganado, decía, aún en contra de las ideas de muchos de sus contemporáneos, que apostaban a la incorporación de razas europeas para el desarrollo de la ganadería local.

Este pionero, nombrado por el Gobierno a su muerte Patriarca de la Agricultura y la Ganadería, falleció a los 83 años, en 1910. A diferencia de otros patriarcas de su época, no dejó una larga descendencia ni incrementó la fortuna de su padre. Pero el impulso de sus ideas dejaría huella en la forma de pensar el desarrollo rural del país.

Semblanza de Eduardo Olivera Editar

Hijo de Domingo Olivera, formó parte de una de las familias más reconocidas de la época. Fue senador y diputado y, aunque no aceptó el Ministerio de Relaciones Exteriores que le ofreciera Nicolás Avellaneda, sí se hizo cargo de la Dirección General de Correos en el año 1874 como director general, quien ejerció el cargo hasta 1880. Fue estadista, escritor y defensor de la agricultura y de la ganadería, estudió en el Instituto Agrícola de Grignon de Francia alcanzando el título de Ingeniero Agrónomo. De regreso en Argentina propició el desarrollo del campo a través de métodos de avanzada y la introducción de nuevas tecnologías. Fundó la Sociedad Rural Argentina y fue creador del primer Instituto Agronómico Argentina. Pensaba que El suelo es la patria y cultivar al uno es servir a la otra.

Eduardo Olivera soñaba con una asociación que le diera vitalidad al campo argentino. El ingeniero quedó fascinado al visitar una muestra ganadera que se realizó en la ciudad inglesa de Birmingham, por lo que no fue raro que el 10 de julio de 1866 se reuniera con un grupo de colegas para dar nacimiento a la Sociedad Rural Argentina.

En ella jugó un papel prominente ya que desde la revista Anales de la Sociedad Rural Argentina, sostuvo la necesidad de desarrollar una industria rural, expandir la agricultura y colonizar la tierra mediante el asentamiento de los campesinos como propietarios. Para ello propiciaba rebajas del precio de la tierra y una serie de facilidades para los colonos con vistas a tecnificar la producción y limitar el latifundio.

Después de visitar el Royal Show de Birmingham le escribe conmocionado a su padre Domingo: ¿Se acuerda del arado de vapor?. Bueno, ahora lleva dos rejas en lugar de una, y marcha a una velocidad de 50 yardas por minuto. Eduardo Olivera estaba viviendo el nacimiento del tractor y el surgimiento de una oleada tecnológica que vendría a abonar el sueño argentino: domar el territorio, convertir el sol, la lluvia y el trabajo en alimentos para el mundo.

Hacia fines de la década de 1860, Eduardo Olivera, (un férreo defensor de la agricultura), se opuso paradójicamente al proyecto de Domingo Sarmiento de crear colonias agrícolas en Bragado y Chacabuco, pues temía que ese proyecto, aplicado en zonas ya dedicadas a actividades ganaderas, terminaría con éstas.

Olivera también propició la educación de los más jóvenes. En 1868, logró que se funde la Escuela Práctica de Agricultura y Veterinaria de Santa Catalina, en Lomas de Zamora. Eduardo decía: El pastor es el esclavo más completo de la naturaleza. Es el hombre más apto para sufrir toda clase de tiranías y nunca podrá ser el ciudadano republicano que buscamos. De tal manera trabajó para educar al soberano: escuelas para los niños y adultos campesinos le permitirían a éstos desarrollar su potencialidad como personas y trabajadores.

Eduardo Olivera trajo al país al técnico forestal belga Carlos Vereecke quien trazó un parque de 60 hectáreas alrededor de la casa paterna donde forestó con distintas especies; este parque es el antecesor directo del Vivero Municipal.

Por todos los antecedentes mencionados Olivera fue nombrado Patriarca de la Agricultura y Ganadería, siendo muchos de los desarrollos logrados en nuestros campos frutos de su empuje y de su decisión de progreso.

Creación y conspiración Editar

  • Por Héctor A. Huerdo. De la Redacción de Clarín Rural.

En 1860, Eduardo Olivera estaba estudiando en Birmingham (Gran Bretaña). Muy cerca de allí se hacía el Royal Show, la gran exposición rural británica. Era una cita obligada: las islas británicas estaban en plena revolución industrial, lo que incluía también un salto tecnológico fenomenal para el campo. Y los pioneros de la ganadería argentina abrevaron en esa fuente. Desde allá habían llegado ya Tarquino, Virtuoso y Niágara, los toros fundadores de la ganadería argentina. Pero ahora venía la oleada mecánica. En una carta a su padre, Eduardo, excitado, le describe con lujo de detalles el nuevo modelo de arado de vapor. Rarísimo engendro motorizado por una caldera, que arrastraba un conjunto de rejas y vertederas. Con el tiempo, ese aparato se llamaría tractor.

Eduardo ya se había recibido de ingeniero agrónomo en Grignon (Francia). Se preparaba para el gran proyecto de las pampas. Entonces no se le escapaba nada. Le cuenta a su padre que este nuevo modelo era más rápido que el que habían visto juntos el año anterior, entre otros detalles técnicos. Le tomó el tiempo y calculó la velocidad con que araba, la cantidad de bueyes o caballos que podrían sustituirse, las hectáreas que podrían destinarse a aumentar la producción de ganado.

En el medio de su narración apasionada, conmovida por el espectáculo del progreso, reflexionó: Padre, en el campo la gente inventa, crea y produce. En las ciudades, conspira.

Un tiempo después, Eduardo volvió. Junto con otros pioneros fundó la Sociedad Rural Argentina, que enseguida tuvo su exposición. Veinte años después, la ganadería británica sucumbía por la competencia de los mestizos pampeanos y el buque frigorífico. Los frigoríficos británicos se instalaban en Ensenada, en el Riachuelo, en Rosario, en Entre Ríos. En pocos años se domesticaron las pampas, con los gringos y sus arados, que convirtieron a la Argentina en granero del mundo simplemente porque para implantar la alfalfa primero había que sacar un par de cosechas de trigo, lino o maíz.

Eran los años en los que la Argentina tenía un plan de negocios. Se podía presentar a la banca internacional diciendo que había un proyecto viable. Y entonces hubo crédito para hacer los ferrocarriles y los puertos.

Después, el país tuvo muchos planes, pero ningún negocio. No sólo por sus propios errores, como cree Mariano Grondona según su respuesta a Paul ONeill, secretario del Tesoro de los EE:UU. El funcionario norteamericano había dicho que el problema de la Argentina es que su sociedad no había sabido desarrollar ninguna industria competitiva. Grondona le concede razón pero se queja de la forma en que lo planteó: decirle rengo a un rengo es insultarlo. Pero aceptó el mote de rengo. Juan Aleman, en cambio, le retrucó con justeza, al decirle que la industria agropecuaria triplicó sus exportaciones en la última década, y que el proteccionismo y los subsidios de los países desarrollados, empezando por los EE.UU., impiden una performance aún superior.

En el medio de una profunda crisis, hoy se inaugura Palermo 2001. Desde el campo vuelven las buenas señales. Ya está viniendo la mayor cosecha de trigo de la historia. Habrá otro récord de soja. Tenemos en quince días el congreso de AAPRESID, el foro que muestra el liderazgo mundial de la nueva agricultura argentina, que por algo es la que más crece. El girasol busca su rumbo desde la nueva conducción de ASAGIR. Los productores inventan negocios todos los días. Allí está, por ejemplo, el aluvión de proyectos de biodiesel. Hoy la idea del arado de vapor es la fumigadora automotriz criolla. Entonces vuelven a repiquetear los pensamientos de Eduardo Olivera. En el campo siguen creando. En la ciudad, ¿siguen conspirando?.

El Barrio Editar

En las dos últimas décadas del siglo, Buenos Aires, tuvo las transformaciones edilicias que la convirtieron, según el decir de sus contemporáneos, de una gran aldea a una metrópoli. Es para esta época también (1887) que se produjo la incorporación al distrito federalizado de la ciudad de Belgrano y el partido de San José de Flores. La eclosión demográfica y nuevos medios de locomoción, habían hecho apetecibles estas poblaciones lejanas del centro. El terror que provocó la epidemia de fiebre amarilla en, 1871 llevó a muchos porteños a buscar refugio y aires más puros en los alrededores de la ciudad. Flores y Floresta contaban además, de la elevación de su terreno, con la facilidad de acceso proporcionado por el primer ferrocarril: camino de Fierro del Oeste, que desde 1857 una la plaza del parque (Plaza Lavalle) , con Floresta. Esta situación atrajo a la zona a algunos acaudalados vecinos que en la década del 70 construyeron sus casas de veraneo y fin de semana similares a las que se estaban construyendo en la zona norte.

Desplazamiento de los sectores medios hacia la periferia Editar

Posteriormente, como muy bien es estudiado por J. Scobie, Buenos Aires del centro a los barrios (editorial Hachette, 1977) los adelantos que se irán produciendo en el transporte público aumento de velocidad, frecuencia, abaratamiento, como así también la situación económica favorable, promoverán el desplazamiento de los sectores populares hacia la periferia. La población del centro y sus alrededores no disminuyó, pues el constante aflujo de inmigrantes volvía a ocupar, conventillos y pensiones, pero la movilidad ascendente de los sectores populares hacia posible que éstos residieran y muchas veces poseyeran un lote los suburbios (Scobie. Obra citada pág. 229). En razón de su importancia y notorio incremento demográfico, la comisión de fomento de la floresta, solicita la creación de una nueva parroquia (denominación de los distritos de Bs.As.) Se crea así por decreto del 19 de diciembre de 1895, la parroquia o districto de Vélez Sarsfield, cuyos limites se extendían hacia el oeste hasta la actual General Paz, al este de Quirno hasta Argerich, al norte Av. San Martín, y al sur: Juan B. Alberdi hasta Av. del Trabajo, según el censo la población del distrito Vélez Sarsfield había un aumento de: 17.000 habitantes en 1904; 48.000 habitantes en 1909 y 103.000 habitantes en 1914. (Scobie p.cit.pág. 36)

Esta enorme área urbana tenía hacia 1910 sólo tres líneas de tranvías. La primera concesión se debe a la iniciativa del Sr. Emilio M. Castro que logró concretarse en 1888; otra en 1898, se extendió los servicios por la que luego seria la Av. Olivera hasta la zona en que se construían los nuevos mataderos. Numerosas compañías de breaks prestaban sus servicios por calles sin adoquinado. En julio de 1914, el subterráneo habilitará su estación terminal en Primera Junta y un año después, extenderá servicios especiales a nivel desde Primera Junta hasta Lacarra. La extensión de medios de locomoción, más rápido (eléctricos) y baratos, y los salarios más altos de esta etapa de prosperidad económica, posibilito la adquisición de un pequeño lote y la construcción de una modesta vivienda al obrero especializado, artesano o empleado. El crecimiento demográfico de la Ciudad de Buenos Aires, (42,9 por mil en el período 1895-1914) no fue acompañado de un similar crecimiento edilicio y su consecuencia fue el hacinamiento y la especulación que provoca picos de tensión como el que registra la huelga general de inquilinos en 1907. El acceso a la vivienda de los sectores de bajos recursos, no provino en estas dos primeras décadas del siglo, del sector oficial. El Banco Hipotecario aporto pocos recursos para la pequeña propiedad urbana y el interés del mercado (entre el 10 y el 18% hacían inalcanzable el crédito para estos sectores). El crédito para la pequeña propiedad provino de los rematadores que procedían según lo atestiguan la Revista Municipal N° 47 del 12 de diciembre de 1904, pág. 4-5 de la siguiente manera: es sabido que desde hace seis u ocho años, ha entrado en nuestras costumbres, fraccionar grandes extensiones de terreno en la capital, venderlos luego en pública subasta, abonando su importe en 20, 30, 40 y aún 60 mensualidades, con este procedimiento se han vendido una enormidad de lotes, que en su mayor parte han caído en manos de gente de poco capital, obreros muchos de ellos, que economizando hambre y sueño, han ido satisfaciendo la pequeña amortización correspondiente... Terrenos que valen 50 ó 60 centavos la vara cuadrada, han sido vendidos en 1 y 1/2 y aún 2 $ la vara (scobie obra citada pag. 236). Como vemos un nuevo mercado no carente de especulación surgía. Los periódicos publicaban avisos de venta con exhortaciones tentadora como: obreros, dejad el conventillo y comprad un lote en la floresta (al oeste de Flores) o en cualquier otro paraje sano, si queréis la salud de vuestros hijos y deseáis vivir contentos, publicado en La Prensa el 13 de noviembre de 1902, pág. 2 por la firma rematadora V. S. Lobato y cia. (Scobie opinión citada. Pág. 236) La envergadura de esta nueva comercialización de la tierra, cambiará la fisonomía de la zona que mostrará un gran aumento de casas humildes.

El avance de la ciudad hacia la periferia hará anacrónica la perduración de la vida rural en lo que resta luego de varios fraccionamientos de la estancia o Chacra de los remedios de la familia Olivera, dividida en dos sectores por la apertura de la Av. Directorio. La municipalidad adquiere estas tierras en 1912 y destinará la fracción s.0. a parque público. La inauguración con el nombre de Parque Domingo Olivera se produce el 28 de marzo de 1914. Poco después se le cambia el nombre por Parque Nicolás Avellaneda hecho que provoca airadas críticas. La fracción no conocida como Villa Ambato comenzara a transformarse en la década siguiente. La ley 9.677 creará la comisión nacional de gasas baratas, encarará la construcción de varios complejos habitacionales en distintos puntos de la ciudad durante la década de 1920. Es en el año 1923 que se inauguran las primeras unidades Barrio Alvear, cuyos moradores verán funcionar al año siguiente en la residencia que Domingo Olivera había construido para uno de sus hijos la Escuela Profesional de Liniers. Un antiguo vecino del barrio, el Sr. Rubén Puig, nos proporcionó coloridos relatos de esos tiempos en que alternaban las nuevas y pintorescas casitas, el enorme predio de la escuela, algunos quinteros y nuevos establecimientos como el mercado que todavía podemos ver en la Av. Juan B. Alberdi 4139 que hoy ostenta con orgullo en el frente de su sólida construcción en la belleza de sus rejas el nombre de su propietario: Salvador Gulizia. Luego en la décadas de 1940 y 1950 comenzarán a desaparecer los quinteros, la escuela reducirá su terreno para la construcción de nuevas viviendas. El banco Hipotecario Nacional construirá grandes conjuntos habitacionales, monobloques, que buscarán aprovechar el espacio y reducir los costos para las crecientes necesidades de vivienda que requerirán la gran cantidad no ya de inmigrantes europeos sino de compatriotas que se acercaban a Buenos Aires en busca de trabajo.

Historia del predio Editar

Durante el transcurso del siglo XVIII el licenciado Juan Gutierrez Gonzalez y Aragon, bisabuelo por línea materna de Manuel Belgrano, fundó con fines beneficos la hermandad de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo. Tan extenso predio abarcaba 1750 varas de frente por legua y media de fondo, es decir desde el Riachuelo hasta General César Diaz, comprendiendo al sur de Rivadavia, Laccarra , Escalada. En 1770 dichos terrenos fueron entregados por ocho Cédulas Reales al padre José Gonzalez Islas (fallecido en 1801) hijo del fundador dando lugar con posterioridad al oratorio consagrado a Nuestra Señora de los Remedios, creándose a partir de 1755 el primer asilo de huérfanos, que colabora con la misión de atender a expósitos, enfermos y carenciados, lo que motivo la denominación de Chacra de los Remedios. La imagen de Santa María instalada en una capilla junto a una farmacia, donde se expendían medicamentos gratuitamente a los carenciados del lugar, recibía peregrinaciones desde el interior de la Provincia de Buenos Aires. En el año 1822 el Ministro de Hacienda de Martín Rodriquez, Don Bernardino Rivadavia confisca los bienes de la comunidad que serán entregadas a Don Domingo Olivera para poder ejercer la ganadería, principal actividad, del país en esa época. Junto a ello recibirá Olivera 50 vacas para realizar un tambo junto con Clemente Miranda. La Chacra de los Remedios estará ya circunscripta a las actuales Calles Lacarra (que toma ese nombre en el año 1885) , Alberdi, Olivera y Gregorio de La Ferrere (entonces lobos). Los socios instalaron en la propiedad un tambo y dos pequeños molinos. Aprovecharon además, para la venta de leña y fruta, de un extenso monte de duraznos. Existía además, un local de panadería, ya que poseían cierta extensión sembrada con trigo cuya harina les permitía elaborar pan, producto que se consumía en San José de Flores y adyacencias. El Gobierno dispone con posterioridad que la propiedad fuera subastada públicamente Clemente Miranda adquirió la totalidad de la fracción seguramente a raíz de esta operación aqotó sus reservas y por ello se desvinculó de la sociedad, que desde 1828 perteneció éxclusivamente a Don Domingo Olivera, quien se afinco junto con los suyos definitivamente. En el lugar a partir de ese mismo año. Olivera se convirtió en precursor de los limites de propiedad del suelo, pues comenzó a prácticar zanjeos y a erigir cercos que abarcaron el perímetro de los Remedios. En 1842 se hace cargo del establecimiento Eduardo Olivera (hijo) que se había recibido en Francia de Ingeniero Agrónomo. Fue fundador de la Sociedad Rural Argentina el 16 de agosto de 1866 y participó activamente en política. Fallecido el padre en mayo de 1866, los sucesores prosiguieron a cargo del establecimiento, cuya primitiva superficie se vio mermada por paulatinos fraccionamientos. En cuanto a la Chacra de los Remedios pasó a ocuparla a fines del siglo Don Domingo Olivera y Ramos Mejia hijo de Nicanor Ramos Mejia donde se prodigaban especiales cuidados a galpón a los mejores ejemplares que luego se presentarían en ferias y exposiciones. Albergó también el casco de la estancia a lo mas distinguidos de nuestra sociedad en suntuosas fiestas. En los primeros años de este siglo comienzan las gestiones para destinar este predio para paseo público. En diciembre de 1911 el Concejo Deliberante en sesiones extraordinarias pone a consideración la compra de la Chacra de los Remedios perteneciente a los Sres. Adolfo Domingo Olivera, Pablo Olivera y Alejandro Olivera. En marzo de 1912 el despacho fue aprobado y el 28 de marzo de 1914 la expropiedad de los Olivera fue librada al público con el nombre de Parque Domingo Olivera. El intendente de la Ciudad de Buenos Aires, Don Joaquín S. de Anciiorena presidió los festejos ante el entusiasmo de una nutrida concurrencia. El 10 de noviembre de 1914 el paseo pasó a llamarse Parque Nicolás Avellaneda. A pesar del cambio de nombre muchas generaciones siguieron llamando Parque Olivera al predio, aún más, muchos colectivos en sus carteles siguieron llamando durante años con el nombre primigenio al hermoso parque curiosidades de la toponimia Porteña. año 1914. Un medico argentino, Luis Aagote realizaba la primera transfusión de sangre mediante el uso de citrato de sodio en el Hospital Rawson de Buenos Aires. Se había logrado transfundir sangre sin que se coagulara en recipientes. Era un hecho de trascendencia científica universal Año 1914... Un joven subía por primera vez a las tablas en el teatro El Nacional para cantar a dúo con José Razzano, se llamaba Carlos Gardel. Año 1914... Buenos Aires lloraba la muerte de uno de sus hijos predilectos: Jorge Newbery. Año 1914... Argentina y el mundo se verán sacudidos por el estallido de la primera guerra mundial, nuestro país defendería dígnamente su neutralidad.

Estructura edilicia Editar

Según un trabajo realizado por el Profesor Héctor Durán y la Sta. Ada Minteguiaga el cuerpo central de la casa de los olivera, que esta ubicada en el actual Parque Avellaneda, fue construido en la primera mitad del siglo xix. La casa que hoy ocupa nuestro colegio fue construida posteriormente y destinada al hijo mayor, Nicolás Olivera, en ella vivira con su esposa Maria Antonia Ramos Mejia y Madero. Para los autores de este trabajo, el estilo del edificio sería barroco francés adaptado a nuestro medio. Constaba la casa de una entrada techada para carruajes, que estaba a la derecha del edificio; la escalera y los sotanos en forma de anillo, eran similares a los de la casa central. La construcción remataba en una torre-mirador, que con una altura de 17 metros, sobresalia entre la frondosa vegetación que la rodeaba. Tenía en sus fondos un establo y adelante, a su izquierda, un aljibe, que según viejas historias, tendría un túnel que comunica con la casa central y que bien podria ser tema de un trabajo especial finalmente las cerámicas halladas en los sótanos de la escuela, procedentes de francia, con sello de origen Desvres Pas de Calais, permiten inferir la antiguedad aproximada del edificio; en efecto, las cerámicas fueron de uso común en las construcciones de Buenos Aires a mediados del siglo XIX, tal vez por la corriente afrancesada que predomino en época de Rivadavia, la enorme mayoría eran originarias de este país y no españolas como podría suponerse, esto permitirla establecer que el edificio que ocupamos habría sido contruido a partir de 1830, aproximadamente. los motivos que predominan en los azulejos son pequeños y semejan guirnaldas alternadas con menudos rosetones. Los dibujos son irregulares y sus contornos son esfumados. Viéndolos a distancia, resalta su color azul intenso sobre un fondo blanco casi lechoso. Si hay similitud entre nuestro edificio y la casa de los Remedios, el parecido es mayor aun con otra propiedad de los Olivera, la que pertenecía a la Estancia las Acacias, situada en Lujan. para el arquitecto Peña, director del museo de la ciudad, el estilo del edificio seria italianizante, muy al gusto de la generacion del 80 y la fecha de construcción estaría entre los años 1880 y 1885. Algunos de las características de esta corriente arquitectónica són visibles por ejemplo la balustrada de terracota, las aberturas rectangulares y el uso de los azulejos franceses, preferentemente de colores azul y blanco. La propiedad sufrió modificaciones una vez fundada la Escuela. En el libro de actas en el año 1930 consta " durante las vacaciones se han efectuado en el establecimiento reparaciones y arreglos consistentes en el cambio de pisos, construcción de ventanas, colocación de tírantes de hierro para darle la seguridad necesaria y la tranquilidad en que ha desaparecido el peligro que existía." más adelante "agrega " todos los salones han sido blanqueados y empapelados de nuevo", pintados zocalos y puertas, de modo que entramos a una Escuela que debe ser prolijamente cuidada y constantemente vigilada para que pueda conservar su aspecto actual". Esos primeros tiempos de la Escuela Profesional han sido rememorados por antiguas alumnas que recuerdan la entrada al colegio por su portón situado en la esquina de Lacarra y Alberdi, flanqueado por dos tipas, todavía existentes, y un largo camino bordeado por hermosos rosedales que conducía al colegio. El pasaje por el que hoy se encuentra la entrada - Pio Collivadino - se llamaba en esos años Ramos Mejía, así nos cuenta una antigua vecina. En 1924, según esos mismos testimonios, todavía vivían descendientes de los Olivera en el piso superior y la casa constaba de 21 salas. Epocas de esplendor. Cuesta hoy reconocer a aquella hermosa mansión. En los últimos años nuevas reparaciones y arreglos, la construcción de un aula adosada al edificio, han afeado su aspecto.

Publicaciones del autor Editar

  • Eduardo Olivera, Llagas sociales y medios de curarlas. Anales de la Sociedad Rural Argentina, tomo II (4), Buenos Aires, 1867, pp. 417-418, cit. en ibid., p. 159.
  • Los Establecimientos ganaderos de la Sociedad Anónima La Olivera: D. Domingo Olivera, su fundador, sus colaboradores: Establecimientos que los precedieron. Buenos Aires: Compañía Sud-Americana de Billetes de Banco, 1900. 187 p. 25 cm., ilus.
  • Carlos Ravelio. (1928). Eduardo Olivera. Fundador de la Sociedad Rural Argentina y del Primer Instituto Agronómico Argentino. Estadista, escritor, pionero rural: reseña biográfica. Talleres Gráficos de L.J. Rosso, 1928.

Veáse también Editar

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