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Guerras Napoleónicas

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Las Guerras Napoleónicas son aquellas que tuvieron lugar durante el tiempo en que Napoleón Bonaparte gobernó en Francia. Fueron en parte una extensión de los conflictos que estallaron a causa de la Revolución Francesa, y continuaron durante todo el Primer Imperio Francés. No existe consenso sobre el momento exacto en que comenzaron estas guerras. Hay quien considera que empezaron cuando Napoleón alcanzó el poder en Francia, en noviembre de 1799. Otras versiones sitúan el periodo bélico entre 1799 y 1802 en el contexto de las Guerras Revolucionarias Francesas, y consideran la declaración de guerra entre Inglaterra y Francia en 1803, que siguió al breve periodo de paz del Tratado de Amiens en 1802 como el punto inicial de las Guerras Napoleónicas. Las Guerras Napoleónicas finalizaron el 20 de noviembre de 1815, tras la derrota final de Napoleón en la Batalla de Waterloo y el Segundo Tratado de París de 1815. En conjunto el casi continuado periodo de guerras comprendido entre el 20 de abril de 1792 y hasta el 20 de noviembre de 1815 es llamado con frecuencia La Gran Guerra Francesa (anterior a la Primera Guerra Mundial, llamada simplemente La Gran Guerra).

Véase también: Cronología de las Guerras Napoleónicas

Archivo:Sadler, Battle of Waterloo.jpg

La Primera y Segunda Coaliciones Editar sección

La Primera Coalición (1792-1797) de Austria, Prusia, el Reino Unido, España y el Piamonte (Italia) contra Francia fue el primer intento para derrotar al republicanismo. La coalición fue derrotada por los franceses debido a una movilización general, levas en masa, reformas en el ejército y una guerra absoluta. En 1795, Francia se anexionó los Países Bajos austriacos y la Renania. Sigue la conquista de las Provincias Unidas (a las que había declarado la guerra en 1793) y su transformación en la República Bátava (Tratado de La Haya, 19 de enero de 1795). Prusia firmó la Paz de Basilea y dejó la coalición. España, tras unas victorias iniciales en la invasión del Rosellón en 1793 (Guerra del Rosellón), vio como las tropas francesas invadían Cataluña, Vascongadas y Navarra. Ante esta amenaza, también firmó separadamente en 1795 la Paz de Basilea. Las campañas italianas de Napoleón en 1796 y 1797, también hicieron abandonar al Piamonte la Coalición. Piamonte fue uno de los miembros originales de la Coalición y había significado un peligro persistente para Francia en el frente italiano durante cuatro años en la época en la que Napoleón asumió el mando del ejército francés en Italia. A Bonaparte le llevó un mes vencer a Piamonte y hacer retroceder a sus aliados austriacos. Las fuerzas de los Estados Papales se rindieron a los franceses en Fuerte Urbano, forzando al Papa Pio VI a firmar un tratado de paz provisional, y las sucesivas contraofensivas austriacas en Italia fueron infructuosas, y condujeron a la entrada de Bonaparte en el Frioul. La guerra terminó al forzar Bonaparte a los austriacos a aceptar sus propias condiciones en el Tratado de Campo Formio. El Reino Unido quedó entonces como la única potencia aún en guerra con Francia.

La Segunda Coalición (1798-1801) de Rusia, el Reino Unido, Austria, el Imperio Otomano, Portugal, Nápoles y los Estados Papales contra Francia fue al principio más efectiva que la primera. El gobierno corrupto y dividido de Francia, bajo el Directorio Ejecutivo, se encontraba en plena agitación, y la República estaba en bancarrota (ciertamente, cuando en 1799 Bonaparte tomó el poder, encontró sólo 60.000 francos en el Tesoro Nacional). La participación rusa supuso un cambio decisivo sobre la guerra de la Primera Coalición. Las fuerzas rusas en Italia estaban mandadas por el notoriamente despiadado y nunca derrotado Alexander Suvorov. La República Francesa no disponía de líderes como Lazare Carnot, el ministro de guerra que había llevado a Francia a las sucesivas victorias que siguieron a las masivas reformas de la primera guerra. Además, Bonaparte estaba ocupado en una campaña en Egipto, con el objetivo de amenazar a la India Británica. Sin dos de sus más importantes comandantes del conflicto anterior, la República sufrió sucesivas derrotas contra unos enemigos revitalizados, financiados por la corona británica.

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Bonaparte volvió en 1799, dejando la campaña en Egipto a cargo de su segundo al mando, el general Kléber, quien fue posteriormente asesinado. Tomó el control del gobierno francés en 1799, derribando el Directorio con la ayuda del ideólogo Emmanuel Joseph Sieyès. La ofensiva de las fuerzas austriacas en el Rhin y en Italia se convirtió en una amenaza acuciante para Francia, pero todas las tropas rusas habían sido retiradas del frente tras la muerte de la zarina Catalina II de Rusia. Napoleón reorganizó la milicia francesa y creó un ejército de reservistas para apoyar tanto los esfuerzos en el Rhin como en Italia. En todos los frentes, los avances franceses encontraron a los austriacos con la guardia baja. En ese momento, el ejército francés contaba sólo con 300.000 soldados luchando contra las fuerzas de la Coalición. En Italia, la situación era sin embargo más delicada por la presión de Austria, y Napoleón se vio forzado a movilizar al ejército de reservistas. Chocó con los austriacos en la Batalla de Marengo el 14 de junio de 1800 y podría haber perdido la batalla de no ser por la decisiva intervención del general Desaix de Veygoux, que atacó la retaguardia austriaca y la venció. Desaix murió en la batalla, y Napoleón conmemoró posteriormente su bravura construyéndole monumentos y tallando su nombre en el Arco del Triunfo. En el Rin, en cambio, la decisiva batalla llegó cuando un ejército francés de 180.000 hombres se enfrentó a 120.000 soldados austriacos en la Batalla de Hohenlinden el 3 de diciembre. Austria fue definitivamente vencida y abandonó el conflicto tras el Tratado de Lunéville, en febrero de 1801.

El mayor problema pendiente de Napoleón era ahora el Reino Unido, que permanecía como una influencia desestabilizadora en las potencias continentales. Gran Bretaña había propiciado la Segunda Coalición a través de su financiación. Napoleón estaba convencido de que, sin una derrota británica o un tratado con el Reino Unido, no podría conseguir una verdadera paz. El ejército británico era una amenaza relativamente pequeña para Francia, pero la Armada Real Inglesa era una continua amenaza para la flota francesa y para las colonias en el Caribe. Además, los fondos ingleses eran suficientes para unir a las grandes potencias del continente contra Francia y, a pesar de las numerosas derrotas, el ejército austriaco todavía era un peligro potencial para la Francia Napoleónica. En cualquier caso, Napoleón no fue capaz de invadir Gran Bretaña de una forma directa. En las famosas palabras del almirante John Jervis, primer Conde de San Vicente (en honor a la histórica victoria naval de la Batalla del Cabo de San Vicente contra la escuadra franco-española): Yo no digo, señores, que los franceses no vayan a venir; sólo digo que no vendrán por mar (palabras evidentemente irónicas tratándose Inglaterra de una isla), se expresaba la situación tras las derrotas de la flota Francesa en la Batalla del Nilo (Aboukir, 1 de agosto de 1798) y la posterior derrota de la flota combinada franco-española en la Batalla de Trafalgar (21 de octubre de 1805), ambas con el almirante Horacio Nelson al mando de la flota británica. Por último, fue fácilmente contenida una expedición francesa a Irlanda.

Archivo:Slaget på reden.jpg

La Guerra de las Cañoneras Editar sección

Dinamarca y Noruega, que originalmente se habían declarado neutrales en las Guerras Napoleónicas, sacaron provecho de la guerra a través del comercio y establecieron una armada. Tras una muestra de intimidación en la Primera Batalla de Copenhague (1801), los ingleses capturaron grandes porciones de la flota danesa en la Segunda Batalla de Copenhague (1807). Esto terminó con la neutralidad danesa, y los daneses se enzarzaron en una guerra de guerrillas naval donde con pequeños barcos cañoneros pretendían atacar a los barcos ingleses, mucho mayores, que estuvieran en aguas danesas y noruegas. La Guerra de las Cañoneras terminó cuando la flota inglesa obtuvo la victoria en la Batalla de Lyngør en 1812, en la cual fue destruido el último de los buques de guerra daneses, una fragata.

La Paz de Amiens Editar sección

El Tratado de Amiens (1802) dio como resultado la paz entre el Reino Unido y Francia, y significó el colapso final de la Segunda Coalición. Sin embargo, nunca se consideró un tratado duradero: ninguna de las partes estaba satisfecha y ambas incumplieron partes del mismo. Las hostilidades recomenzaron el 18 de mayo de 1803. El objeto del conflicto cambió desde el deseo de restaurar la monarquía francesa a la lucha para acabar con Bonaparte.

Bonaparte declaró el Imperio el 28 de mayo de 1804, y fue coronado emperador en la catedral de Notre-Dame de París el 2 de diciembre.

La Tercera Coalición Editar sección

Artículo principal: Tercera Coalición

Napoleón planeó la invasión de las Islas Británicas, y reunió 180.000 soldados en Boulogne. Sin embargo, necesitaba conseguir antes la superioridad naval para llevarla a cabo, o al menos, alejar a la flota británica del Canal de la Mancha. Se elaboró un complejo plan para distraer a los británicos, amenazando sus posesiones en las Indias Occidentales, pero este plan falló cuando la flota Franco-Española al mando del almirante Villeneuve se retiró tras una acción poco decidida de éste en la Batalla del Cabo Finisterre (1805). Villeveuve se vio bloqueado en Cádiz hasta que la flota combinada salió de nuevo el 19 de octubre con destino a Nápoles. Esta flota fue capturada y vencida en la Batalla de Trafalgar el 21 de octubre por la armada inglesa al mando de Horacio Nelson. Napoleón había enviado nueve planes diferentes a Villeneuve, pero éste vaciló constantemente, provocando este desastroso resultado.

Tras este contratiempo, Napoleón abandonó (aunque no olvidó) sus planes para invadir las Islas Británicas, y volvió su atención a sus enemigos en el Continente. El ejército francés dejó Boulogne y se trasladó a Austria.

La serie de conflictos navales y coloniales, incluyendo la llamada Acción de 1805, donde tres barcos franceses atacaron a un navío de línea y un carguero ingleses, fueron la tónica de esos meses, y llevaron a Napoleón a su decisión de abortar sus planes de invadir Inglaterra. Esto era también una clara señal de la nueva naturaleza de la guerra. Los conflictos en el Caribe podían tener un efecto inmediato y directo sobre el conflicto europeo, y batallas dadas a miles de kilómetros influían el resultado de las otras. Esto era tal vez un signo de que las Guerras Napoleónicas habían llegado a un punto en el que se habían convertido en una guerra mundial. El único precedente de un conflicto tan amplio y a tal escala fue la Guerra de los Siete Años.

En abril de 1805, el Reino Unido y Rusia firmaron un tratado para expulsar a los franceses de Holanda y Suiza. Austria se unió a la alianza tras la anexión de Génova y la proclamación de Napoleón como Rey de Italia. Los austriacos comenzaron la guerra invadiendo Baviera con un ejército de unos 70.000 hombres bajo el mando de Karl Mack von Lieberich, y el ejército francés salió de Boulogne a fines de julio de 1805 para enfrentarse a ellos. En la Batalla de Ulm (25 de septiembre al 20 de octubre), Napoleón trató de vencer al ejército de Mack con una brillante maniobra envolvente, forzando su rendición sin sustanciales pérdidas. Con el ejército principal de Austria al norte de los Alpes vencido (otro ejército bajo el mando del Archiduque Carlos de Austria había acosado el ejército de André Masséna en Italia con resultados poco concluyentes), Napoleón ocupó Viena. Lejos de sus líneas de suministro, se enfrentó con un ejército austro-ruso superior al suyo y bajo el mando de Mikhail Kutuzov, con los emperadores Francisco II, Sacro Emperador Romano y Alejandro I de Rusia presentes. En lo que es usualmente considerado su mayor victoria, el 2 de diciembre Napoleón destrozó al ejército combinado austro-ruso en la Batalla de Austerlitz, en Moravia. Infringió un total de 25.000 bajas a un ejército numéricamente superior mientras tuvo menos de 7.000 en sus propias filas. Tras Austerlitz, Austria firmó el Tratado de Pressburg, dejando la coalición. Esto le costó a Austria ceder Venecia al Reino de Italia (Napoleónico) y el Tirol a Baviera.

Con la retirada de Austria de la guerra sobrevino un estancamiento. El ejército napoleónico tenía un récord de victorias imbatibles en tierra, pero la fuerza total del ejército ruso aún no había entrado en juego.

La Cuarta Coalición Editar sección

La Cuarta Coalición (1806-1807) de Prusia, Sajonia y Rusia contra Francia se formó sólo unos meses después del colapso de la coalición precedente. En julio de 1806, el Emperador de Francia había creado la Confederación del Rin, ignorando a los minúsculos estados alemanes del valle del Rin y del interior de Alemania. Muchos de los estados más pequeños se anexionaron a electorados, ducados y reinos más grandes para hacer del gobierno de la Alemania no prusiana una labor más sencilla. Los mayores estados fueron Sajonia y Baviera, cuyos gobernantes fueron elevados al rango de reyes por Napoleón.

En agosto, el rey de Prusia Federico Guillermo III tomó la decisión de ir a la guerra independientemente de las otras grandes potencias. El curso de los acontecimientos más sensato hubiera sido declarar la guerra el año anterior y unirse a Austria y Rusia. Esto podría haber contenido a Napoleón y prevenido el desastre aliado en la Batalla de Austerlitz. Así las cosas, el ejército ruso, un aliado de Prusia, se encontraba bastante lejos cuando Guillermo hizo su declaración de guerra. En septiembre, Napoleón lanzó a todas las fuerzas francesas sobre el Rin. Eran alrededor de 160.000 hombres, cifra que aumentó a medida que la campaña se desarrollaba, contra Prusia, y se movieron con tal velocidad que virtualmente aniquilaron al ejército Prusiano de unos 250.000 hombres. Prusia tuvo que soportar la muerte de 25.000 de ellos, 150.000 fueron hechos prisioneros y los franceses se apropiaron de unas 4.000 piezas de artillería y 100.000 mosquetes, que fueron almacenados en Berlín. El ejército prusiano fue definitivamente vencido por Napoleón en la Batalla de Jena, y por el mariscal Davout en la Batalla de Auerstädt (14 de octubre de 1806). Esta última batalla enfrentó a un simple cuerpo del ejército francés que derrotó al grueso del ejército Prusiano. En Jena, Napoleón únicamente luchó contra un destacamento.

Napoleón entró en Berlín el día 27, y visitó la tumba de Federico II el Grande, ordenando a sus mariscales quitarse el sombrero y diciendo: Si él estuviera vivo, nosotros no estaríamos aquí hoy. En total, a Napoleón había tardado solamente 19 días desde el comienzo de su ataque sobre Prusia hasta el final de la guerra con la caída de Berlín y la destrucción de sus principales ejércitos en Jena y Auerstädt. Como contraste, Prusia había luchado durante tres años en la guerra de la Primera Coalición.

En Berlín, Napoleón promulgó una serie de decretos, que entraron en vigor el 21 de noviembre de 1806, llevando a efecto el Bloqueo Continental, que pretendía eliminar la amenaza británica a través de medidas económicas. Como se explicó al principio de este artículo, el ejército británico era una pequeña amenaza para Francia. El Reino Unido mantenía un ejército regular de sólo 220.000 hombres en el momento álgido de las Guerras Napoleónicas, cuando las fuerzas francesas superaban la cifra de un millón y medio, además de los ejércitos de numerosos aliados y muchos cientos de miles de guardias que podían ser agregados al ejército en caso necesario. La Armada Real Inglesa era problemática en lo concerniente al comercio extra-continental de Francia, pero no podía hacer nada contra el comercio francés continental, y no suponía una amenaza para el territorio de Francia. Por otro lado, la población y la capacidad de producción francesa eran abrumadoramente superiores a la británica; sin embargo, el dominio de los mares del Reino Unido le permitió consolidar una considerable fuerza económica, que era suficiente para asegurar que Francia nunca podría consolidar la paz por las coaliciones que Inglaterra levantaba contra ella. Los gobernantes franceses, en cambio, creían que aislar a Inglaterra del continente acabaría con su influencia económica sobre Europa. Esta era la base del llamado Bloqueo Continental, que fue el que se impuso.

La siguiente etapa de la guerra llevó a la expulsión de tropas rusas de Polonia y la creación del nuevo Gran Ducado de Varsovia. Napoleón entonces tomó rumbo norte para enfrentarse a los restos del ejército ruso e intentar capturar la nueva capital prusiana de Königsberg. Un movimiento táctico en la Batalla de Eylau, entre el 7 y el 8 de febrero, forzó a los rusos a una posterior rendición. Napoleón llevó al ejército ruso entonces a la Batalla de Friedland, el 14 de junio. Tras esta derrota, Alejandro se vio forzado a firmar la paz con Napoleón en Tilsit, el 7 de julio de 1807.

En el Congreso de Erfurt (1808), Napoleón y el Zar Alejandro I acordaron que Rusia debía forzar a Suecia a unirse al Bloqueo Continental, lo cual condujo a la Guerra Finlandesa y a la división de Suecia por el golfo de Botnia. La parte oriental fue anexionada por Rusia en el Gran Ducado de Finlandia.

La Quinta Coalición Editar sección

Archivo:Francisco de Goya y Lucientes 023.jpg
El alzamiento popular contra la invasión francesa el 2 de mayo de 1808 dio lugar a la Guerra de la Independencia Española, que finalizó en 1814 con la expulsión del trono de José Bonaparte y la restauración de la monarquía borbónica en la figura de Fernando VII.

La Quinta Coalición (1809) del Reino Unido y Austria contra Francia se formó mientras el Reino Unido se enfrentaba con Francia en la Guerra de la Independencia Española.

De nuevo, el Reino Unido se había quedado solo, lo que se debía en gran parte al hecho de que Gran Bretaña nunca había entrado en un conflicto a gran escala con Francia, al contrario que sus aliados continentales. La actividad militar británica se había reducido a una sucesión de pequeñas victorias en las colonias francesas y otras victorias navales en Copenhague (2 de septiembre de 1807). En tierra, sólo se intentó la desastrosa Expedición Walcheren (1809). La lucha se centró entonces en la guerra económica - Bloqueo Continental contra bloqueo naval. Ambos lados entraron en combate tratando de reforzar sus bloqueos; los ingleses combatieron a los Estados Unidos en la Guerra de 1812, y los franceses se enfrentaron en la Guerra de Independencia en España (1808-1814). El conflicto en la Península Ibérica comenzó cuando Portugal continuó comerciando con Inglaterra a pesar de las restricciones francesas. Cuando tropas españolas vencieron a los franceses en la batalla de Bailén, demostrando que una parte importante del pueblo español no quería mantener su alianza con Francia, las tropas francesas ocuparon gradualmente su territorio hasta entrar en Madrid, lo que propició la intervención inglesa.

Austria, previamente aliada de Francia, aprovechó la oportunidad de intentar recuperar su antiguo Imperio Alemán que había existido antes de Austerlitz. Inicialmente tuvieron éxito contra las débiles fuerzas del mariscal Davout. Napoleón había dejado a Davout con solamente 170.000 soldados para defender la frontera Occidental de Francia. Esta misma tarea se había llevado a cabo en los años 1790 por 800.000 soldados, y entonces tenían que defender un frente mucho menor.

Napoleón disfrutó de un fácil éxito en España, retomando Madrid y derrotando a españoles e ingleses, expulsando al ejército inglés de la península. El ataque de Austria cogió desprevenido a Napoleón, que estaba envuelto en victoriosas operaciones contra el Reino Unido. Esto hizo que abandonara la Península Ibérica y no volviera nunca más a ella. En su ausencia, y en ausencia de sus mejores oficiales (Davout permaneció en el este durante la guerra), la situación cambió, especialmente cuando llegó el general inglés Sir Arthur Wellesley como comandante de las fuerzas británicas.

Los austriacos se introdujeron en el Gran Ducado de Varsovia, pero fueron vencidos en la Batalla de Radzyn, el 19 de abril de 1809. El ejército polaco recuperó el territorio conocido como Galicia Occidental tras sus primeros éxitos.

Napoleón asumió el mando en el este y alentó al ejército para contraatacar en Austria. Una serie de batallas relativamente menores aseguraron la masiva Batalla de Aspern-Essling, la primera derrota táctica de Napoleón. El error del comandante austriaco, el Archiduque Carlos, al querer proseguir tras su pequeña victoria, permitió a Napoleón preparar un intento de sitiar Viena, cosa que hizo a primeros de julio. Venció a los Austriacos en la Batalla de Wagram, entre el 5 de julio y el 6 de julio. Durante esta batalla el mariscal Bernadotte fue desposeído de su título y ridiculizado por Napoleón frente a otros oficiales del Estado Mayor. A Bernadotte le ofrecieron entonces la corona de Príncipe de Suecia, que aceptó traicionando así a Napoleón. Posteriormente, Bernadotte participaría activamente en las guerras contra su antiguo emperador.

La guerra de la Quinta Coalición terminó con el Tratado de Schönbrunn, el 14 de octubre de 1809.

En 1810, el Imperio Francés alcanzó su máxima extensión. Napoleón se casó con Marie-Louise, una archiduquesa austriaca, con el fin de asegurar una alianza estable con Austria y proporcionar al Emperador un heredero, algo que su primera esposa, Josefina, no había podido darle. Además del Imperio Francés, Napoleón controlaba la Confederación Suiza, La Confederación del Rin, el Gran Ducado de Varsovia y el Reino de Italia. Los territorios aliados incluían: el Reino de España (José Bonaparte), el reino de Westfalia (Jerónimo Bonaparte), el reino de Nápoles (Joachim Murat, hermano adoptivo), el principado de Lucca y Piombino (Félix Bacciocchi, hermano adoptivo), y sus antiguos enemigos, Prusia y Austria.

La Sexta Coalición Editar sección

La Sexta Coalición (1812-1814) consistió en la alianza del Reino Unido, Rusia, Prusia, Suecia, Austria y cierto número de estados alemanes contra Francia.

En 1812, Napoleón invadió Rusia para obligar al Emperador Alejandro I de Rusia a permanecer en el Bloqueo Continental y eliminar el peligro inminente de una invasión rusa de Polonia. La Grande Armée, 650.000 hombres (270.000 franceses y muchos soldados de países aliados o súbditos), cruzaron el río Niemen el 23 de junio de 1812. Rusia proclamó la Guerra Patriótica, mientras Napoleón proclamaba una Segunda Guerra Polaca, pero en contra de las expectativas de los polacos, que suministraron casi 100.000 soldados para la fuerza invasora, Napoleón evitó dar concesión alguna a Polonia, teniendo en mente las posteriores negociaciones con Rusia. Rusia mantuvo la táctica de retirarse, dejando tras de si la tierra quemada. Los rusos se detuvieron y lucharon en la Batalla de Borodino, el 7 de septiembre, que aunque fue muy sangrienta, forzó a los rusos a retirarse y dejar expedito el camino hacia Moscú. Sobre el 14 de septiembre, Moscú era capturada y saqueada. Alejandro I rehusó capitular. Sin un signo claro de victoria a la vista, Napoleón se vio forzado a retirarse de Moscú después de que el gobernador, príncipe Rasotpchin, ordenara el incendio total de la ciudad. Así comenzaba la desastrosa Gran Retirada, con 370.000 bajas y 200.000 prisioneros. En noviembre, sólo quedaban 27.000 soldados para cruzar el río Berezina. Napoleón dejó a su ejército para volver a París y preparar la defensa de Polonia del avance ruso. La situación no era tan desesperada como podría parecer al principio. Los rusos habían perdido 400.000 hombres, y su ejército estaba igualmente agotado. Sin embargo tenían la ventaja de unas líneas de suministro más cortas y podían renovar sus tropas con mayor rapidez que los franceses.

Al mismo tiempo, en la guerra española, en la Batalla de Vitoria (21 de junio de 1813), la ocupación francesa de España se acabó definitivamente por la victoria de Sir Arthur Wellesley sobre José Bonaparte, y los franceses se vieron forzados a abandonar España cruzando los Pirineos.

Viendo una oportunidad en esta histórica derrota de Napoleón, Prusia volvió a la guerra, Napoleón creyó que podría crear un nuevo ejército tan grande como el que había enviado a Rusia, y reforzó rápidamente sus fuerzas en el este de 30.000 a 130.000 hombres, que posteriormente llegaron a los 400.000. Napoleón infligió 40.000 bajas en las fuerzas aliadas en la Batalla de Lützen (2 de mayo de 1813), y en la Batalla de Bautzen (20 de mayo al 21 de mayo). Ambas batallas enfrentaron a un total de 250.000 hombres, convirtiéndose en las mayores batallas de todas las guerras.

El armisticio se declaró el 4 de junio y continuó hasta el 13 de agosto, tiempo durante el cual ambas partes trataron de recuperar el cuarto de millón de bajas que aproximadamente tuvieron desde abril. También en este periodo los aliados negociaron para llevar a Austria a un enfrentamiento abierto con Francia. Se formaron dos ejércitos austriacos que tenían alrededor de 800.000 tropas fronterizas en el frente alemán, con una reserva estratégica de 350.000, formada para apoyar las operaciones fronterizas.

Napoleón pudo llevar el grueso de las fuerzas imperiales en la región hasta alrededor de 650.000 hombres, aunque sólo 250.000 estaban bajo su mando directo, con otros 120.000 bajo el mando de Nicolas Charles Oudinot y 30.000 bajo el mando de Davout. La Confederación del Rin equipó a Napoleón con el grueso de las fuerzas restantes, siendo Sajonia y Baviera los principales cooperantes. Además, el reino de Nápoles de Murat en el sur y el reino de Italia de Eugene de Beauharnais tenían una fuerza combinada total de 100.000 hombres, y entre 150.000 y 200.000 tropas procedentes de España habían sido forzadas a retirarse por las fuerzas españolas y británicas que alcanzaban un número de alrededor de 150.000. Por lo tanto, 900.000 soldados franceses en total se opusieron en todos los frentes de batalla a alrededor de un millón de efectivos aliados (sin incluir las reservas estratégicas que se estaban formando en Alemania). Las apariencias, sin embargo, engañaban un poco ya que muchos de los soldados alemanes que luchaban en el bando francés no eran nada fiables, y siempre estaban dispuestos a desertar al bando aliado. Es razonable entonces decir que Napoleón no podía contar con más de 450.000 hombres en Alemania, lo cual significaba que a pesar de todos sus intentos y propósitos, era superado en una relación de dos sobre uno.

Tras el fin del armisticio, Napoleón parecía haber recuperado finalmente la iniciativa en Dresde, donde venció a un ejército aliado numéricamente superior, y le infligió enormes pérdidas, mientras los franceses habían sufrido relativamente pocas. Sin embargo, los fallos de sus mariscales y una falta de seguridad en el resto de la ofensiva por su parte les costó la ventaja parcial que esta significativa victoria les pudo haber asegurado.

En la Batalla de Leipzig en Sajonia (16 de octubre al 19 de octubre de 1813), también llamada «Batalla de las Naciones», 191.000 franceses lucharon contra más de 450.000 aliados, y los franceses fueron derrotados y forzados a retirarse a Francia. Napoleón luchó en una serie de batallas, incluyendo la Batalla de Arcis-sur-Aube, en Francia, pero poco a poco fue forzado a retroceder frente la superioridad de sus oponentes.

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Durante estos días tuvo lugar la Campaña de los Seis Días, en la cual ganó múltiples batallas contra las tropas enemigas que avanzaban hacia París, pero nunca consiguió conducir al campo de batalla a más de 70.000 hombres durante toda la campaña, frente a más de medio millón de tropas aliadas. En el Tratado de Chaumont, de 9 de marzo, los aliados acordaron mantener la Coalición hasta la derrota definitiva de Napoleón.

Los aliados entraron en París el 30 de marzo de 1814. Napoleón estaba decidido a luchar, incapaz de afrontar su caída del poder. Durante la campaña había calculado unos refuerzos de 900.000 reclutas frescos, pero sólo pudo movilizar una fracción de esa cifra, y los esquemas progresivamente más irreales de Napoleón para la victoria dejaron paso a una realidad sin esperanzas. Napoleón abdicó el 6 de abril merced al tratado de Fontainebleau de 1814 y se inicia el 1 de octubre el Congreso de Viena.

Napoleón fue exiliado a la isla de Elba, y se restauró la dinastía borbónica en Francia bajo Luis XVIII.

La Séptima Coalición Editar sección

La Séptima Coalición (1815) unió a Reino Unido, Rusia, Prusia, Suecia, Austria, los Países Bajos y cierto número de estados alemanes contra Francia.

El periodo conocido como los Cien Días comenzó cuando Napoleón abandonó Elba y desembarcó en Cannes, el 1 de marzo de 1815. A medida que se trasladaba hacia París, fue recabando apoyos por donde pasaba, y finalmente derrocó al recién restaurado Luis XVIII. Los aliados prepararon de inmediato sus ejércitos para enfrentarse a él de nuevo. Napoleón alistó a 280.000 hombres, divididos en muchos ejércitos. Antes de su llegada había un ejército de 90.000 hombres, y consiguió reunir a más de un cuarto de millón, veteranos de pasadas campañas, y promulgó un decreto para movilizar alrededor de 2,5 millones de hombres en el ejército francés.

Esto fue lo que dispuso frente a un ejército aliado inicial de alrededor de 700.000 soldados, aunque los planes de campaña aliados tenían previsto el refuerzo de un millón de efectivos en las tropas fronterizas, apoyadas por unos 200.000 soldados de guarnición, logística y personal auxiliar. Se pretendía que esta fuerza sobrepasara abrumadoramente al numéricamente inferior ejército imperial francés, el cual nunca llegó a aproximarse ni de lejos al número de efectivos de 2,5 millones pretendido por Napoleón.

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Napoleón condujo a unos 124.000 hombres del ejército al norte en una maniobra preventiva para atacar a los aliados en Bélgica. Su intención era atacar a los ejércitos aliados antes de que llegaran a unirse, con la esperanza de echar a los ingleses al mar y echar a los prusianos de la guerra. Su marcha a la frontera tuvo el efecto sorpresa que había esperado. Forzó a los prusianos a luchar en la Batalla de Ligny el 16 de junio, derrotándolos y haciéndoles retroceder en una desordenada desbandada. Ese mismo día, el ala izquierda del ejército, bajo el mando del mariscal Michel Ney, detuvo con éxito a todas las fuerzas que Wellington enviaba en ayuda del comandante prusiano Blücher, con una acción de bloqueo en la Batalla de Quatre Bras. Sin embargo, Ney no pudo despejar los cruces, y Wellington reforzó su posición. Con los prusianos en retirada, Wellington se vio forzado a retirarse también. Se reagrupó en una posición que había reconocido previamente en una ladera del monte Saint Jean, a pocas millas al sur de la villa de Waterloo (Bélgica), en Bélgica. Napoleón llevó sus reservas al norte, y reunió a sus fuerzas con las de Ney para perseguir al ejército de Wellington, pero no sin antes ordenar al mariscal Grouchy que se desviara al ala derecha y detuviera la reorganización del ejército prusiano. Grouchy falló en este empeño, porque aunque venció a la retaguardia prusiana bajo el mando del Teniente General von Thielmann en la Batalla de Wavre (del 18 de junio al 19 de junio), el resto del ejército prusiano marchó bajo el sonido de los cañones en Waterloo.

El principio de la Batalla de Waterloo, en la mañana del 18 de junio de 1815, se retrasó durante muchas horas, ya que Napoleón estaba esperando que el suelo se secara tras la lluvia de la noche anterior. A últimas horas de la tarde, el ejército francés no había podido expulsar a las tropas de Wellington de la ladera escarpada donde estaban. Cuando llegaron los prusianos y atacaron el flanco derecho francés en número cada vez mayor, la estrategia de Napoleón de mantener a los aliados divididos había fallado, y su ejército se encontró en una confusa retirada, empujado por un avance combinado de los aliados.

Grouchy se redimió en parte al organizar con éxito una retirada en orden hacia París, donde el mariscal Davout tenía 117.000 hombres preparados para hacer retroceder a los 116.000 hombres de Blücher y Wellington. Esto hubiera sido militarmente posible, pero fue la política finalmente la que precipitó la caída del Emperador.

Al llegar a París, tres días después de Waterloo, Napoleón todavía se aferraba a la esperanza de la resistencia nacional, pero los cargos políticos, y el público en general, le había retirado su apoyo. Napoleón fue forzado a abdicar de nuevo el 22 de junio de 1815. Los aliados le exiliaron entonces a la remota isla de Santa Helena, en el Atlántico Sur.

Efectos políticos de las guerras Editar sección

Las Guerras Napoleónicas tuvieron tres grandes repercusiones sobre el continente Europeo:

  • En muchos países de Europa, la importación de los idealismos de la Revolución Francesa (democracia, procesos justos en los tribunales, abolición de los derechos privilegiados, etc) dejaron un profundo impacto. A pesar de que las reglas de Napoleón eran autoritarias, eran ciertamente menos arbitrarias y autoritarias que las de los monarcas anteriores (o que las de los jacobinos y el régimen del Directorio durante la Revolución). Los monarcas europeos encontraron serias dificultades para reponer el absolutismo pre-revolucionario, y se vieron forzados en muchos casos a mantener algunas de las reformas inducidas por la ocupación. El legado institucional ha permanecido hasta hoy. Muchos países europeos tienen un sistema de leyes civiles, con un código legal claramente influido por el código napoleónico.
  • Francia no volvió a ser una potencia dominante en Europa, como lo había sido desde los tiempos de Luis XIV.
  • Se desató un nuevo y potencialmente poderoso movimiento: el nacionalismo. El nacionalismo va a cambiar el curso de la historia de Europa para siempre. Fue la fuerza que empujó el nacimiento de algunas naciones y el fin de otras. El mapa de Europa tuvo que ser redibujado en los siguientes cien años tras las Guerras Napoleónicas sin basarse en las normas de la aristocracia, sino en las bases de la cultura, el origen y la ideología de las gentes.
  • Gran Bretaña se convirtió en la potencia hegemónica indiscutible en todo el globo, tanto en tierra como en el mar. La ocupación de los Países Bajos por Francia al comienzo de las guerras le sirvió de pretexto, así mismo, para tomar una a una las colonias holandesas en ultramar, quedándose con aquellas de mayor valor estratégico como Ceilán, Malaca, Sudáfrica y Guyana al final de la contienda.
  • La guerra en la Península Ibérica dejó completamente destrozada a España, así como su armada y ejército. Esta situación fue aprovechada por los grupos independentistas de sus colonias americanas para sublevarse contra la metrópoli, influidos por los ideales de las revoluciones americana y francesa. Para 1825, toda la antigua América española, con la excepción de Cuba y Puerto Rico, se había convertido en repúblicas independientes o había pasado a formar parte de Estados Unidos (Florida, Luisiana), Gran Bretaña (Trinidad) o Haití (Santo Domingo).

Por sobre todo, se forjó un nuevo concepto mundial de Europa. Bonaparte mencionó en muchas ocasiones su intención de moldear un estado europeo único y, a pesar de su trágico fracaso, este internacionalismo volvería a surgir al transcurrir 150 años, cuando se redescubrió la identidad europea luego de la Segunda Guerra Mundial.

Legado militar de las guerras Editar sección

Las Guerras Napoleónicas, a su vez, tuvieron un profundo impacto en lo que concierne a lo militar. Hasta los tiempos de Bonaparte, los estados de Europa habían utilizadoo ejércitos relativamente pequeños, con un alto porcentaje de mercenarios que, en ocasiones, llegaban a atacar a sus países de origen a sueldo de potencias extranjeras. No obstante, las innovaciones militares de mediados del siglo XVIII lograron reconocer el potencial de una nación en guerra.

Napoleón fue innovador en la práctica de la movilidad para enfrentarse a la desventaja numérica, como demostró de en su triunfal victoria sobre las fuerzas Austro-Rusas en la Batalla de Austerlitz, 1805. El ejército francés reorganizó el rol de la artillería en combate, creando unidades de artillería móviles e independientes en oposición al típico ataque de la artillería como sustento de otras unidades. Bonaparte también estandarizó los calibres de los cañones, con el objetivo de asegurar una mayor facilidad en los suministros, y la compatibilidad entre sus piezas de artillería. También propició la ciencia, a menudo aplicada a una mejor intendencia de los ejércitos.

A finales del siglo XVIII, con la cuarta mayor población a escala mundial (27 millones, en comparación con los 12 millones del Reino Unido y los 35-40 millones de Rusia), Francia se veía en una localización propicia para tomar ventaja de las levas en masa. Como la Revolución y el reinado de Napoleón habían aprendido bien la lección de las guerras comerciales y dinásticas del siglo XVIII, se asume erróneamente que estas estrategias fueron inventadas por la Revolución, que lo que realmente hizo fue aplicarlas.

Tampoco se debe dar todo el mérito de las innovaciones a Napoleón. Lazare Carnot desempeñó un papel fundamental en la reorganización del ejército francés entre 1793 y 1794, un periodo en el que la suerte de Francia cambió, con los ejércitos republicanos avanzando en todos los frentes.

El Reino Unido tenía el número total de 747.670 hombres entre los años 1792 y 1815. Además, aproximadamente un cuarto de millón de hombres eran empleados en la Royal Navy. El total del resto de los principales combatientes es difícil de calcular, pero en septiembre de 1812 Rusia tenía un total de 904.000 hombres alistados en sus ejército de tierra, lo que significa que el total de rusos que lucharon debe estar por los dos millones o más. Las fuerzas austriacas alcanzaron un número sobre 576.000, con poca o ninguna fuerza naval. Austria fue el enemigo más persistente de Francia y es razonable suponer que más de un millón de austriacos sirvieron en el ejército. Prusia no tuvo más de 320.000 hombres en armas en ningún momento, sólo justo detrás del Reino Unido. España alcanzó la cifra de unos 300.000, pero se debe añadir una considerable fuerza guerrillera. Las únicas naciones que tuvieron más de 100.000 soldados movilizados fueron además el Imperio Otomano, Italia, Nápoles y Polonia (sin incluir los Estados Unidos, con 286.730 combatientes) o la Confederación Maratha. Como se puede ver, todas estas pequeñas naciones ahora tenían ejércitos que sobrepasaban en número con las grandes potencias de pasadas guerras.

En ello tuvieron mucho que ver las etapas iniciales de la Revolución Industrial. Ahora resultaba fácil la producción de armas en masa así como equipar a fuerzas significativamente mayores. El Reino Unido fue el mayor fabricante de armamento de este periodo, abasteciendo de la mayoría de las armas usadas por las potencias aliadas a lo largo de los conflictos (y usando ellos mismos una escasa cantidad de ellas). Francia fue el segundo mayor productor, armando a sus propias fuerzas al tiempo que hacía lo propio con las de la Confederación del Rin y otros aliados.

El tamaño numérico de los ejércitos involucrados es una clara indicación acerca del cambio en el tipo de guerra. Durante la última importante guerra de Europa, la cual fue la Guerra de los Siete Años, pocos ejércitos habían superado el número de 200.000 hombres. En contraste, el ejército francés alcanzó en los años 1790 la cifra de un millón y medio de franceses alistados. En total, alrededor de 2,8 millones de franceses lucharon en el conflicto en tierra, y unos 150.000 lucharon en el mar, por lo que el total de combatientes franceses alcanzó la cifra de unos tres millones.

Otra de las ventajas que afectó a la guerra fue el uso del telégrafo óptico, que permitía al ministro de guerra Carnot comunicarse con las fuerzas francesas en las fronteras durante los años 1790. Este sistema continuó usándose. Adicionalmente, se usó la vigilancia aérea por primera vez durante las guerras cuando los franceses usaron globos aerostáticos para espiar las posiciones aliadas antes de la Batalla de Fleurus, el 26 de junio de 1794. También hubo adelantos en cohetería militar durante el periodo de guerras.

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